Juan Comotti

"Se está pensando mucho con el culo"

Director de teatro y de la sala "Gladys Ravalle"

Juan Comotti comenzó a hacer teatro antes de nacer, cuando su embarazada mamá, Gladys Ravalle, y su papá, Cristóbal Arnold, andaban de gira por el país, de pueblo en pueblo, escapando de los milicos y con un repertorio de cinco obras de teatro independiente que los hicieron recorrer 30.000 kilómetros, tantos kilómetros como desaparecidos dejó la dictadura.

Luego, el niño creció en salas de teatro. Repartía programas, se aprendía las obras de memoria, de tanto verlas en escena y ligaba de vez en cuando algo bolo. Así fue hasta que su padre Arnold Cristóbal Comotti lo miró a los ojos: “¿Querés hacer teatro?”, le dijo. Y la respuesta no se hizo esperar.

La primera vez que actuó “de verdad” fue dirigido por su madre y actuó junto a su padre, en la obra El Partenaire, de Mauricio Kartún. Pronto, el tiempo lo convirtió, sin lugar a dudas, en una de las figuras más importantes y prolíficas del panorama teatral mendocino.

A los 21 años, Juan Comotti fundó y comenzó a dirigir el grupo teatral El Enko, en una salita pequeña en la galería Chariff, la primera Enkosala que fundó. Hace dieciséis años que, sin interrupción, no se baja de los escenarios, se recibió de licenciado en la Facultad de Teatro y realizó un máster en Chile. 

Ahora, acaba de inaugurar junto a su gente la sala teatral “Gladys Ravalle”, el Almirante Brown, de Godoy Cruz, proveyendo así la mejor noticia de la cultura de Mendoza del año.

A pesar de su juventud –tiene 31 años– es una figura central e ineludible de nuestra cultura. Escuchémoslo con atención, que tiene sus cosas para decir.

- ¿Le pusiste a tu grupo “El Enko”, como haciendo un chiste?

- Sí. Después vinieron a decirnos que en griego quiere decir no sé qué, pero fue como una broma que obligó a algunos elencos a empezar a llamarse “grupo” y no “elenco”, porque estaba implícito nuestro nombre. Después, el kirchnerismo nos cagó la vida con la “K”.

- Llama mucho la atención que inauguran sala, con todo el laburo que esto supone y, a la vez, abren nada menos que con ¡tres! estrenos de obras…

- Nosotros laburamos mucho. Aparte tenemos un repertorio de obras que no queremos dejar de hacer. Y en total, vamos a tener 25 funciones por mes, porque hemos abierto la sala a otros compañeros actores que harán sus cosas, como la Gabi Carly y otros… Por un lado tenemos un ciclo de tres obras por la memoria y la identidad y ahora inauguramos otro trío de obras sobre la violencia en la sociedad y nos representan una vuelta, un regreso al realismo teatral, con alto impacto en la percepción del público.

- ¿De dónde sacás actores para tantas obras?

- Nosotros tenemos un grupo central, que el grupo de entrenamiento y que es central, nos interesa más que actuar en obras, aunque también lo hacemos. Además, trabajo con mucha gente, incluso mucha gente mayor del teatro independiente. Y después hay muchos que salen de los talleres, que les pica el bicho y quieren actuar y hasta terminan ganando premios.

- ¿Quiénes son tus maestros?

- Gladys Ravalle, y no porque sea mi vieja, y Pompeyo Audibert, quien trabaja una concepción poética, las máquinas teatrales, con muchas improvisaciones que tienen que ver con los universos poéticos. Leemos a Deleuze, a los surrealistas, a Octavio Paz. El resultado de nuestro trabajo es que somos el elenco que más obras de teatro produce en Mendoza.

- Algunos dicen que ustedes hacen obras como si fabricaran chorizos…

- Sí, eso dicen, pero nosotros hacemos teatro y no hacemos otras cosas por ahí, de esas que muchos hacen para ganarse algunos manguitos. Sabemos que cantidad no es sinónimo de calidad, pero somos muy premiados y nos pasamos buena parte del año llevando nuestro trabajo a distintos lugares de la Argentina.

- Los actores hablan mucho del efecto de transformación social que produce el teatro, pero, ¿en qué se manifiesta esa transformación que generan? ¿El teatro cambia en algo la sociedad en que vivimos?

- El teatro la cambia indirectamente a la sociedad, porque la sociedad se ve reconocida en sus artistas y la mayoría de los artistas se “crían” en los teatros independientes. No obstante, está claro que hay más escándalo social si cierran el Mercado Central, que si cierran el Teatro Mendoza.

- Pero al teatro le gusta verse a sí mismo como revolucionario…

- El teatro venía con una orientación muy panfletaria, muy de izquierda. Y esto fue muy importante. No obstante, todavía hay grupos que reproducen esa actitud panfletaria, pero de fondo, por ahí no hay nada. El discurso nuestro, ahora, está en la forma de hacer teatro más que en el fondo. Lo revolucionario, ahora, está en la forma en que usamos nuestros cuerpos: así es como nosotros trasuntamos nuestro modo de ser. Igualmente, todo esto tiene que ver con el teatro sala, pero también hay un fenómeno muy importante, que es el teatro comunitario, el de los vecinos, las murgas de los barrios. Ahí hay un gran punto de encuentro y contención, como los fueron las kermeses y como lo hicieron los griegos. Creo que el teatro está volviendo a tener peso, porque la gente se cansa de tanta mierda en le televisión.

- Faltan salas en Mendoza y, al mismo tiempo, el apoyo que desde el Instituto Nacional del Teatro los grupos mendocinos es importante. ¿Cómo analizás la situación?

- No creas que es muy grande el apoyo del INT. Te ayudan con el 40% para tener un espacio, pero vos tenés que poner lo demás. Aparte, hoy por hoy no hay muchas partidas de plata de la Nación para la compra de salas. Por otro lado, sufrimos también el impacto post Cromagnon. Ahora, es mucho más fácil poner un restaurante que una sala de teatro, a pesar de que los riesgos para la gente son mayores en un restaurante. Los requisitos son violentos hoy en día.

- ¿Notás si hay una política cultural de parte del gobierno provincial?

- No hay ninguna política cultural en Mendoza, ni de parte del gobierno provincial ni de los municipios. Los responsables no hacen nada. Hay en algunos casos, intentos con relación a las orquestas o el folclore o intentos de hacer copular al turismo con la cultura y el resultado es un engendro de tres días y esto no tiene nada que ver con nada. La metáfora de la cultura de Mendoza que ahora hay paredes de durlock y oficinas de la burocracia donde antes había salas de teatro como la Politti y la Armando Lucero. Con la venta municipal del Teatro Mendoza pasó lo mismo y uno al final no sabe qué pueden estar tapando.

- ¿Cuántas salas independientes hay y cuántos elencos?

- Debe haber cinco o seis salas de teatro independiente y elencos, decenas, aunque algunos no están haciendo nada y otros hacen cosas con dos o tres actores. Nosotros estamos un poco nadando contra la corriente, por cantidad de obras y de actores. 

- ¿No hay manera de que pueda haber una visión de negocio con el teatro, que les permita vivir de la actividad?

- Siempre tenemos la intención de vivir de esto, pero no es fácil: andamos en bicicleta y comemos tortitas. De todas maneras no es que no se pueda, pero se vuelve difícil, cuando hay que mantener un espacio y financiar producciones. Es bravísimo. Yo admiro mucho a la gente que mantiene salas. Por eso, se entiende la enorme cantidad de gente del teatro que se va a vivir a Buenos Aires, porque allá es más fácil que te vaya bien. Si acá hacés una obra y van a verte 7 personas, allá te van a ver 32 o 43, no porque te esté yendo bien, sino porque hay más gente disponible. El desafío es hacer que los artistas se queden acá.

- Igualmente, de parte del Estado, debería haber una política real y sustentable para vincular fuertemente al teatro, las artes, con el turismo, la salud o la educación…

- Sí estoy de acuerdo, está bien, pero ¿y el teatro como tal? ¿Y el teatro de las obras, de la investigación, de los mensajes? Muchos teatreros viven armando proyectos para incentivar al gobierno y, bueno, sacar un manguito de eso. Y la mayoría da clases en las escuelas, se gana un sueldo, se compra un autito y ya está; está bien. A pesar de todo esto, vuelvo a preguntarme, ¿y el teatro? ¿Quién hace las obras de teatro? Los artistas tienen que producir obras.

- Tenés razón. Además, las obras suponen ruptura, conflicto, enfrentamiento, cuestiones que no suelen llevarse muy bien con la mirada de las instituciones sociales.

- Totalmente de acuerdo. Y las instituciones necesitan de la crítica social, para que la mosca moleste y mantenga despierta a la bestia. Nosotros, al menos, no queremos ser los juglares del rey. No queremos hacer cosas para que el rey se ría, por eso, es complicado nuestro lugar. Los espacios teatrales de los juglares del rey son otros…

- ¿Querés decir quiénes son los juglares del rey?

- No, porque son todos compañeros… Nosotros somos… putas. Dame 500 mangos y voy y te cuento un chiste, huevón. La mayor parte del teatro está apuntado a esto y los ves en todos lados y no es ético. Y después pasa esto, que nosotros somos tan pocos que empezamos a aparecer como una opción, como “otra cosa”. Y no tiene por qué ser así. Yo le tengo respeto a todos los géneros, pero el teatro de sala aparece como lo más genuino.

- Puede que el teatro de Mendoza no esté reflejando aquello que le pasa a la gente…

- Yo diría que el teatro está como la gente. Siempre estamos en veremos… Y estamos cagados, porque no somos “exitosos”: no somos deportistas ni faranduleros. Nosotros decimos cosas. Y si no las decimos, ¿qué hacemos? ¿Enseñamos declamación a los políticos? ¿Enseñamos a que la gente se desinhiba, se afloje, se desacartone y cerramos todo con una muestra a fin de año? Yo quiero seguir pensando en el teatro que a mí me ha conmovido desde niño, ese que es un fenómeno artístico como una catástrofe natural.

- Siempre me pregunto adónde van a parar los periodistas viejos, porque casi todos parecen ser expulsados de los medios masivos, como si no los reconocieran… ¿Y qué pasa con los actores viejos?

- Los actores viejos están. Y sobre todo con nosotros, porque yo los busco a todos para que trabajen en el grupo. Yo he laburado con el Pepe Parlanti, el Bachi Buttini, el Maximino Moyano, el Hugo Vargas… Nosotros respetamos y laburamos muchos a nuestros viejos, porque tienen mucho que enseñarnos. Nos gusta combinar con los jóvenes que siempre quieren andar colgándose de una soga y rebotando contra la pared. Afortunadamente, yo tengo una herencia teatral casi chamánica de parte de mi vieja.

- ¿Cuál es el público que viene al teatro?

- Qué pregunta rara… No sé… Nosotros tenemos una especie de público formado. Y pasa que hay gente que ve un par de obras y se engancha, pero ojo: el que vino al teatro y vio algo que no le gustó, no sólo no vuelve, sino que le cuenta a todos que no le gustó. En cambio, cuando va al cine y ve una película mala, a la semana siguiente vuelve al cine. Acá en el teatro impresiona si decís “pelotudo” o mostrás una teta, pero no pasa lo mismo si lo escuchás o la ves en la televisión. Nosotros somos muy juzgados.

- ¿Y qué rumbos ves ahora en el teatro?

- Veo algo muy concertístico, muy no sé…

- Decilo como te nace.

- Muy gay. Veo como un “gay power”, que no tiene nada que ver con la homosexualidad como elección. Es muy maricón el teatro nacional. Muy maricón y no con la fuerza de Lorca, con la sangre del homosexual. Es un teatro puto del orto, es complicado de expresar, pero vos lo vas a traducir muy bien...

- Pero esto es una entrevista directa: pregunta-respuesta… Aparte, no termino de entenderte…

- Quiero decir que la cultura nacional está llena de engendros, con pelucas de colores, que andan por ahí. Y el teatro es un teatro del culo, muy pensado con el orto, ¿entendés? Tiene muy poco que ver con lo que pasa en los barrios. La intelectualidad del teatro es una masacre. Y es muy subrepticia. Y tiene mucho poder. Y es muy gay. No veo que esto pase con la literatura.

- Pero es que la literatura de los últimos 50 años nació derrotada, fracasada, a casi nadie le interesa. No es lo mismo escribir un libro que tocar la guitarrita en una banda de rock o actuar en una novela; estos son espacios para guacamayos… Entonces, es más fácil ser valiente cuando no tenés nada que perder.

- Sí, claro.

- Y el teatrero, a pesar de esto, sigue dando su batalla…

- Y, somos un poquito más unidos y concientes, más allá de la cultura travesti que hay en la estética teatral. 

- A lo mejor, esto que te genera tanta reacción es lo que otros llaman glamour…

- Sí, qué sé yo. Está todo bien. Yo sé que decir estas cosas es jugar con armas de doble filo, pero también es cierto que nadie dice que se está pensando mucho con el culo. Y falta más gente que piense con la cabeza.

- También es cierto que hay escenarios naturalmente dramáticos, como las discotecas, donde nadie, pero nadie, está pensando. Mirás alrededor y ves cientos de personas y todas estás actuando y nadie está dispuesto a mostrarse como realmente es.

- Y, es por aputonamiento…

- Bueno, pero esa velocidad, ese dramatismo, ese escenario, ese careteo tan inusitado, no son captados por el teatro, que parece seguir en carreta, recorriendo pueblos y soñando con la revolución, lo cual no está mal...

- Lo que pasa es que el teatro tiene otros códigos. Y termina transando para otro lado y lo notás en el hecho de que la gente te obliga a que hagás comedias. Y en la discoteca, también es cierto, todo el mundo se pone hasta la pija para estar así: se emborrachan, se empastillan, se toman lo que sea para lograr estar así. Lo único que parece querer torcer esta tendencia a la locura total, son, aunque te parezca raro, los accidentes de tránsito, porque son tantos que se están dando cuenta…

- Del otro lado, están los que quieren ver teatro o cine, mientras están comiendo; es tremendo.

- Yo no lo puedo creer.

- Salvo, qué sé yo, en los stand-up comedy, que es otro formato…

- Sí, pero, ¿sabés qué? Estamos en el mundo de los formatos ahora, en el teatro de los formatos. Esto que te comentaba del “gay power” es un formato de la intelectualidad. Ahora, hasta el clown es un formato. ¿Y dónde están los que rompen los formatos? ¿Dónde están los que aprietan “reset”? Y no hablo de los teatreros de “la extrema izquierda”, esos que hacen una obra y ni ellos la entienden y espantan al público.

- Y están también los que hacen “cosas bonitas” tipos Cirque du Soleil…

- Sí, pero igual son grosos, porque es muy difícil recuperar la belleza. Aunque sea una multinacional, el Cirque du Soleil termina matando a todos porque se mete con la belleza, que ha terminado siendo un tabú. Esa puede que sea la ruptura que ellos proponen.

- Sí, pero el único riesgo que corren es que el trapecista se caiga de la cuerda…

- Si, lo comparto, porque nuestro teatro es político y social. Nosotros bajamos línea y bajamos caña. En eso estamos y a eso nos dedicamos.

- Igual, está bueno cuando venís al teatro y ves chicas lindas. Así, el público deja de ir a buscarla a la discoteca y viene para acá.

- El teatro está plagado de mujeres. Normalmente, nos faltan tipos para los papeles y siempre nos sobran chicas. Así es que ya saben. Si quieren conseguir chicas, vengan al teatro, que las van a encontrar.

 

Opiniones (9)
18 de noviembre de 2017 | 20:22
10
ERROR
18 de noviembre de 2017 | 20:22
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Abrir una sala no es cosa fácil. Juntar dinero es complicado y el apoyo cultural del estado es casi nulo. Basta con ver el cierre de 4 espacios del Estado, o sea, de todos los mendocinos... Politti, Lucero, Teatrino y Mendoza. En estos momentos las salas están cerradas por el tema de la gripe, y grupos y encargados de sala no tienen como subsistir. Producir teatro en Mendoza es complicado, no es fácil. Lo económico muchas veces es una prioridad. Sin embargo, hay gente en Mendoza que empuja y que genera, piensa y estudia buscando siempre un camino de expresión. Pero sus voces no siempre se logran escuchar, a veces porque no hay medios para EDITAR, no hay PERMISOS para actuar en las calles, plazas... para abrir una sala como ésta, para PRODUCIR o PERFECCIONARSE. Considerar que el artista se mira el ombligo es generalizar. Muchos artistas crean sin recibir más que el aplauso. Muchos abren espacios para que otros los ocupen, y no considero que eso signifique mirarse el ombligo. Hay un gran desconocimiento de lo que generan los artistas en Mendoza. Creo que cuando se quiere criticar ácidamente no es necesario conocer a fondo lo que sucede. Con ver 2 obras de teatro no se conoce a fondo el teatro. La ignorancia y el desprecio, la marginación y la exclusión son parte de la política cultural que ofrece nuestra provincia. Luchar contra ello y subirse a dar la cara en un escenario, en un papel, en una nota musical, en un cuadro es un acto de valentía. felicito a Juan y su grupo por la hermosa sala que están construyendo.
    9
  2. NO PODIAN PONER UN TITULO MAS EDUCADITO..?
    8
  3. Lo indiscutible que se desprende tanto de la nota como de los comentarios es la falta de una política cultural en serio. Algo que no hicieron los gobiernos anteriores y, muchísimo menos, el actual.
    7
  4. para egarcia Qué tendrán que ver los rabanitos con la dieta japonesa !!!Hasta para ser provocador hay que tener talento o por lo menos un gramo de cerebro .Y jaque Cobos y la madre que los pario a todos los que viven de la política y del sanguchito no creo que vean teatro!!!
    6
  5. ladran sancho!!! señal que vos y el otro son unos perros
    5
  6. La verdad es que el teatro en Mendoza desde hace mucho tiempo está sufriendo bajas importantes y de todo tipo. Y hoy en día gente como Juan que abre una sala, y presenta sus obras y la de otros, nos da esperanzas que a pesar de la mala onda de cierta gente, la falta de apoyo, de presupuesto, la situación de mierda del país, la cultura y el arte, etc. etc. se pueden hacer cosas como esta.
    4
  7. Qué edad tienen los que critican??!! .El artista por naturaleza es cuestionador .El fenómeno del Arte es reflejarnos Lo que pasa es que a veces no nos gusta lo que vemos Pero a ellos hay que cuidarlos porque son un regalo del cielo PIBE SEGUI ASÍ Y no dés bola Ladran sancho...
    3
  8. guarda que en cualquier momento este es director de cultura......
    2
  9. Es igual que la madre...
    Hace unos años lei una entrevista a Ravalle. Destilaba tanto resentimiento, como lo hace este muchacho: "que la gente es apatica", "que los gobiernos no nos entienden", "que se piensa con el culo". Yo le he puesto onda para ir algunas obras locales y son francamente tan deplorables, que no dan ganas de volver nunca mas. Sacando algunos artistas que valen la pena, como el Flaco Suarez, Daniel Quiroga y algunos buenos humoristas, el resto se trata de obras que son elegidas por los actores para mirarse el ombligo a su manera. Es decir, quieren lucirse con lo que ELLOS creen que es buen teatro, y no con lo que le gusta a la GENTE. Cuando no va nadie, esta gente cree que quien esta equivocada es la gente y es precisamente al reves. No tienen autocritica?. Ah! y para una muestra mas vale un boton: como se llama la sala que abrio este tipo?. Gladys Ravalle, el nombre de su madre. Esta todo bien, mirarse el ombligo es una opcion, pero hay que bancarsela.
    1
En Imágenes
Grammy Latinos 2017
18 de Noviembre de 2017
Grammy Latinos 2017
Lluvias torrenciales en Grecia
16 de Noviembre de 2017
Lluvias torrenciales en Grecia