Marta Remón

"Ir a la escuela es un premio para los presos"

Docente de la penitenciaría provincial

Marta Remón es maestra y tiene tres trabajos. Enseña en dos escuelas de zonas marginales y en la Penitenciaría provincial. Pero de las tres instituciones en las que ejerce, su mayor compromiso es con los presos.

No victimiza a sus alumnos, pero reconoce que la cárcel no sirve para reinsertar a los condenados en la sociedad. Entiende que la gente no comparta su dedicación, pero siente que vale la pena el esfuerzo.

Su preocupación parte de una ecuación: si en un preso se invierten 3.000 pesos mensuales y en un alumno apenas 300 pesos, ¿por qué no invertir  más en la niñez, así en el futuro se gasta menos en las cárceles?

- ¿Qué la llevó a dirigir su vocación docente en favor de los presos?

- Fue porque no puedo entender que la sociedad no encuentre la relación entre el mayor índice de trabajo infantil que tiene esta provincia, los menores condenados a cadena perpetua y los porcentajes de reincidencia de los que salen en libertad. Son heridas sociales completamente emparentadas unas con otras.

- ¿Cómo es el perfil de sus estudiantes, con qué se encuentra en las aulas de Boulogne Sur Mer?

- Casi todos nuestros alumnos, míos y de las otros docentes de los CEBA,  son analfabetos, aunque existen dos tipos: los totales y los funcionales. Los totales son los que nunca pasaron por la escuela, o pasaron pero no saben ni leer ni escribir. Los funcionales son los que aún sabiendo leer y escribir, no comprenden las consignas. En este grupo se ubica la mayoría de los estudiantes del penal.

- ¿Cuál es la mayor dificultad con la que se encuentra para lograr que se interesen en las consignas?

- En el penal, el mayor  problema es que tenemos, no es la falta de atención de los estudiantes, son las inasistencias y la falta de continuidad. Es difícil reunirlos a todos. Es que el día que no tienen visitas, están castigados, o justo no salen los del pabellón que tiene que asistir a clases. Todas las semanas sentís que estás empezando de nuevo.

- ¿Eso le resulta frustrante para encarar el trabajo?

-Si, porque cuando lográs armar un grupo, de repente, se desarma. A uno lo llevan a Cacheuta, a los otros los cambian de unidad por el beneficio de la fase de confianza. Entonces, empezar de nuevo, es muy agotador, sentir la falta de continuidad. Muchas veces te frustrás. No han sido pocas las oportunidades en las que he tenido ganas de llorar, porque llegás y ya no están, los cambiaron. Y todo el esfuerzo parece en vano, pero por otra parte, es una experiencia muy enriquecedora de verdad.

- ¿Cuáles son los aspectos enriquecedores de la educación en el penal?

- La experiencia es fuerte y difícil, pero es interesante. Sobre todo porque primero trabajo con mucha libertad; yo les enseño lo que pienso que pueda servirles de acuerdo a su realidad. También doy clases en el pabellón de los presos que tienen condenas cortas, con ellos trabajábamos los artículos de la Constitución. Muchos dicen: “Qué bien me viene esto, maestra, lo tendría que haber sabido antes”. Aunque te parezca mentira, se entusiasman con tener un diccionario y aprender a consultarlo, por ejemplo. Hace poco les traje uno enciclopédico. En un principio se los dejaba y aunque a la noche no tenían luz, usaban una vela para buscar palabras, y después me comentaban lo que habían hecho. A veces voy por los pasillos y los muchachos me dicen: “Maestra, tráigame un libro”. Eso me reconforta muchísimo.

- ¿Es una obligación para los presos ir a la escuela, o van por propia elección?

- Ir a la escuela en la cárcel no es ni un derecho, ni un deber, sino que es un premio. Entonces les permiten venir a los internos que tienen buena conducta. No viene todo el que quiere. Muchos de los internos nos aseguran que su incentivo de participar en clases, es que nosotros, los docentes,  representamos para ellos el mundo exterior; conversar con nosotros es como conversar con su propia familia.


- ¿Cuáles son las expectativas de logro que tiene como maestra?

- Yo les enseño lo que pienso que puede servirles de acuerdo a su realidad. Creo que dando clase en la cárcel aprendí que tiene sentido la educación. Despertarles la inquietud al menos para que se interesen en lo que les pueden transmitir a sus hijos para enseñarles. Lo que espero como docente es que ellos sientan que pueden producir un cambio. A lo mejor no para ellos, sino para los hijos, que ellos sientan que el tiempo que están en la cárcel puedan aprovecharlo. El objetivo de la cárcel no es resocializar a los presos, eso está claro. Yo les digo: algo positivo tienen que sacar de todos estos años acá.

- ¿Sabe si son menores los niveles de reincidencia de los presos que pasan por la escuela?

- Siempre he tratado de que hayan estadísticas, pero a nivel provincial no las tenemos. Sin embargo, cuando Sergio Shocklender estaba preso, elaboró estadísticas al respecto. El porcentaje de reincidencia de los presos que habían ido a la escuela era muy bajo, sólo un 3% o 4%. 

- ¿Se le complica colocarse en un lugar neutral frente a estas personas cuando sabe por qué están presos?

- Ponerse en un lugar neutral es difícil al principio. Pero después se puede, porque empezás a escuchar la historia de cada uno. Yo les pregunto si alguna vez alguien les leyó un cuento. Si dos me han contestado que sí en los tres años que trabajo, es mucho. La mayoría anduvo rodando y, si fue a la escuela, no aprendió nada.
De todas maneras, entiendo que la gente me pregunte:  “¿cómo les das clases encima de lo que han hecho?”. Lo que pasa es que muchos no pueden ver que después los presos van a volver a ser parte de la sociedad y según como estén acá adentro, van a responder afuera. Ignorar esto, se termina volviendo en contra de uno mismo. Los presos no son leprosos que cuando los liberan van a parar a una isla.


- ¿Cuál es la falla más grande que ve en el sistema, con respecto a la reinserción de los presos?

- Obviamente el sistema penal  no cumple con la fase de reinserción. La mayoría de los que están en el COSE ya han reincidido tres o cuatro veces. Les pregunto, ¿por qué vuelven acá muchachos, tanto les gusta? Ellos me dicen que cuando salen, todo el mundo los rechaza, sólo las viejas amistades los aceptan. Y por eso vuelven a drogarse, a tomar y a cometer delitos. La función de la oficina del liberado, evidentemente no se cumple.

- ¿Dónde cree usted que se deben buscar las causas de que cada vez necesitemos cárceles más grandes, para albergar a más presos?

- Las estadísticas nacionales lo dicen todo. Porque si en un preso federal se invierten 3.000 pesos mensuales y en un alumno 300 pesos, ¿por qué no damos vuelta la cuestión e invertimos más en la niñez, así en el futuro se tendrá que invertir menos en las cárceles? Lo que pasa es que, para eso, tiene que haber una decisión política  que nadie se anima a tomar.

- ¿Usted cree que sus alumnos son víctimas del sistema?

- No los veo como víctimas. Ellos buscaron la más fácil. No los victimizo, pero sí reconozco que no han tenido las mismas oportunidades que otras personas y que las condiciones en las que están en la cárcel no sirven para reinsertarse en la sociedad.

- ¿Es difícil llegar a los alumnos en lo afectivo?

- Ser docente de la cárcel es muy fuerte. El primer año que trabajé, lo hice sólo con los jóvenes. Daba clase con candado y bajo llave. Entonces entrábamos, cerraba el guardia y estábamos así las tres horas. Se hacía muy difícil. Ahora es diferente para mí, porque trabajo en las distintas unidades, me conocen más, es más descomprimida la situación. Sin embargo, la devolución de estas personas es enorme. Están tremendamente acostumbrados a desconfiar de todo el mundo. Sin embargo, con los docentes es diferente. Confían en nosotros cuando nos conocen, y eso que se conectan desde lo afectivo con poca gente.

- ¿Los docentes son referentes afectivos para los presos?

- Si, pero para ellos, la única figura intocable es la de la madre. Hay algunos que no respetan ni a la mujer, ni a los hijos. Sin embargo, que no les toquen a su mamá. Esto es porque es la única persona que no los abandona nunca, que los va a visitar siempre, a pesar de lo degradante que resultan las requisas y de los obstáculos que tengan que pasar.

- ¿Qué siente cuando ve a sus ex alumnos que regresan a la cárcel?

- Me da mucha bronca. Lo primero que hago es retarlos. "¿Qué hace otra vez usted acá?, no lo voy a dejar entrar más a  la escuela", les digo. Pero los termino recibiendo. Sé que en la escuela puedo lograr que ellos hagan algo para darle sentido al encierro.

Opiniones (4)
23 de octubre de 2017 | 04:03
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23 de octubre de 2017 | 04:03
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  1. En segunda instancia, espero despertar algún eco moral con esta reflexión: Por lo que yo voy viendo, los presos tienen menos derechos que los gatos, perros, canarios y tortugas entre otras mascotas. Un preso está expuesto a: no tener colchón donde dormir, no tener ropa de abrigo, contraer enfermedades como la leptospirosis (un colega docente de la Prov. de Bs. As. la contrajo en la cárcel donde enseñaba y murió en 24 hs.) Y no me digan "los presos están inmunizados". Temo que el artículo esté en consonancia con la posición abortista de esta cuasi anónima mía. ¿¿¿Viva la muerte???
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  2. Mi nombre es Marta Ángeles Remón y vivo en Banfield, Buenos Aires, Argentina. Soy Profesora en Psicopedagogìa y Docente de Enseñanza Superior. Ya pedí personalmente a la Sra. Marta...xx.... Remón que cuando su nombre apareciera en los medios hiciera colocar la inicial de su segundo nombre para evitar que se confunda con el mío y me traiga conflictos laborales. Veo que no lo ha hecho.
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  3. muy bueno la nota .pero debe aportar mas a la niñez por el estado pero mas presisamente preparar docente para chicos con problema por que encotramo chico con problema en la casa y en lugar de darle mas articulo a ese chico lo que hacemo es que no venga mas a la escuela para quedarno tranquilo por eso digo que debe haber mas compromiso de los profe en las escuela de afuera prof de matemati de escuela del penal n| 1 de corrientes
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  4. Muy buena la nota, sin dudas es loable el trabajo de Marta, aunque porque conozco las dos realidades como Marta, ya que tambien trabajo en la Penitenciaria y doy clases en zonas marginales, creo que debemos ayudar a los que se quieren ayudar, la gran mayoria tiene un pasado, un presente y un futuro en donde todo lo bueno que quieran hacer detras de los muros se verá truncado cuando salgan y vuelvan a su contexto donde salieron, es decir, pobreza, violencia, falta de oportunidades, rechazo,etc. Tambien muchos van a la escuela o trabajan en la carcel porque eso les permite obtener buena conducta y asi consiguen beneficios mas rapido que aquellos que no realizan ninguna actividad, donde los pone en mejor posicion para obtener la libertad rapidamente, pero en definitiva no les interesa estudiar. Esto tambien significa como en muchos aspectos de la gestion de gobierno falta de politica carcelaria, falta de politicas educativas claras, etc.
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