Fernando Yáñez, cura en Monte Comán

"La inseguridad es un castigo de Dios"

Los chicos del COSE, los fondos públicos, la falta de colaboración de los empresarios.

Fernando Yánez es un sacerdote católico polémico y generador de controversias, pero nadie puede negar su hiperactividad. Su tarea consiste, básicamente, en recibir y reeducar a jóvenes en conflicto con la ley desde un hogar ubicado junto a la parroquia Asunción de la Vírgen, en la localidad sanrafaelina de Monte Comán.

La historia se inició hace más de diez años, cuando junto a este edificio parroquial se construyó un albergue juvenil, que ya no funciona. En el año 2002 una jueza penal de Menores de Mendoza pidió que se le recibiera en el Albergue a un joven de clase media que había cometido un delito y no quería enviarlo al Penal de Menores, el ex COSE, por sus características, “ya que los lugares de internación para menores eran calamitosos”, según cuenta Yánez, hoy, desde el sitio web de su hogar.

“A los 15 días pidió por otro y luego otro más”, recuerda. Fue cuando Yánez le pidió al obispo que tuviera en cuenta esta situación. “No parecía conveniente tener juntos jóvenes de zonas rurales con otros drogodependientes e infractores de la ley, sumando algunas voces de padres que no estaban conformes con lo que estaba sucediendo”, repasa Yánez, y agrega: “La solución del obispo fue, “haz algo para ellos”.

Y Yáñez lo hizo, pero no sólo.

El Estado le dio (y le sigue dando) los recursos para llevar adelante los que algunos, despectivamente, llaman como “la sucursal del COSE” en el Sur, el Hogar de Jóvenes San Luis Gonzaga. La cooperación internacional hizo otro tanto con varios de sus emprendimientos.

Hoy, trata de sobrellevar una situación crítica de la que se niega a hablar: la jerarquía eclesiástica de Mendoza le restó el apoyo que antes le dio y, señalan, un subsidio que le envió la organización “Tres Reyes Magos” de Alemania de 23 mil euros, fue devuelto a su origen.

Es el Estado quien suple las necesidades, pero también, le deriva chicos que han violado la ley y que cree que están mejor atendidos en “lo de Yánez” que en sus propias instalaciones.

“Mi tarea ha sido apoyada por todos los gobiernos; por Iglesias, por Cobos y ahora, con Jaque me dijeron: ´ponga usted la cifra´ a la hora de preparar el presupuesto”, nos cuenta. Hasta el año pasado, el aporte estatal que el Ministerio de Desarrollo Humano era de unos 46 mil pesos por mes y este año es el doble.

Hablamos con Yánez. No nos concentramos en las cuestiones confesionales, aunque podríamos hacerlo alguna vez, habida cuenta de su aferramiento a cuestiones antiguas y ortodozas de la Iglesia, puesta de manifiesto por -entre otras cosas- estar siempre envuelto en su sotana, una vestimenta que ya no es obligatorio llevar para los religiosos.

De lo que hablamos es de su experiencia en el tratamiento y recuperación de jóvenes que han delinquido. Al fin y al cabo, nadie lo obliga a hacerlo y, además, es el propio Estado a través de dos poderes -el Ejecutivo y el Judicial- quienes le confían esa tarea.

- ¿Hay que bajar la edad de imputabilidad de los jóvenes?

Si hubiera instituciones como la nuestra, esa medida sería buena. Las razones son dos: cuando el chico llega a los 16 años, ya hizo todo lo que quería hacer y queda demostrado que nadie les pudo poner límites. En segundo lugar, porque muchos mayores usan la imputabilidad de los menores para cometer sus delitos, para que se hagan cargo de sus delitos.

- Suena un poco contradictorio…

Le explico: hay chicos con homicidios que yo estoy seguro quien no los han cometido. Pero hoy en día meter a un chico de estos en las instituciones que tenemos a nivel estatal, es destruirlo.

- ¿Cuál cree que debería ser el tratamiento que deben recibir?

Les tienen que ayudar a que le encuentren un sentido a la vida, que dejen las mochilas de todo lo que han vivido. Lo que hacen, es consecuencia de todo lo que les pasó en la niñez, sin familias contenedoras y afectivas que les transmitieran  valores. Pero volviendo al tema de bajar la edad de imputabilidad, repito: yo hoy no lo haría. Vamos a transformar a esos chicos en verdaderos delincuentes. En el COSE lo único que hacen es la maestría o la licenciatura en delitos. Si hubiera instituciones serias, yo sí la bajaría, para protegerlos.

- ¿Con qué se encuentra cuando recibe a un joven que ha matado o cometido un delito grave y se lo deriva la justicia para que usted lo trate?

Hay chicos que han venido y me dicen: “Padres, yo he venido acá, pero en realidad, qué sentido tiene mi vida, si me matan… me matan”. Así entran. Esa es la mentalidad que traen. Viviendo el hoy sin pensar en el mañana. A medida que están en una institución que trata de que tengan una vivencia familiar, aunque somos conscientes de que no podemos sustituirla, les hacemos ver que si quieren ser ingenieros, lo van a lograr. Pero para eso hace falta mucho trabajo y esfuerzo de parte nuestra y de ellos también.

- Cuéntenos un caso concreto..

Bueno… a ver…Un chico que vino por homicidio me dijo: “Ustedes me enseñaron una forma de vida que yo no conocía”, y hoy es un excelente ciudadano. Es que nosotros intentamos que el chico encuentre un nuevo sentido para su vida.

-¿Se puede estimar en cuánto tiempo se pasa de la vieja vida a la nueva, como usted dice?

Tardamos por lo menos dos años en internalizar conductas que no se internalizaron cuando eran niños. Es necesario un tratamiento prolongado. Eso en el Estado no es posible: Aunque se quisiera hacer, no se puede, por infinidad de circunstancias.

- Por ejemplo…

…Porque se vive de un sueldo y muchas veces las cosas se hacen solamente por el sueldo, sin importarle el chico. Yo sé que hay gente en la Dinaf (la dirección de Familia del gobierno) que quisiera hacerlo, pero no puede.

- ¿Por qué?

Hay personal que es sancionado, trasladado, porque hay presión de los gremios… No pueden hacer lo que tienen que hacer.

- ¿En qué condiciones llegan los chicos a Monte Comán?

Sobre todo, con muchas carencias. La primera carencia es familiar. No vivieron nunca en el seno de una familia.

-¿Cómo se resuelve eso?

Yo creo que volviendo a la familia tradicional, en donde esta es capaz de transformar a las personas.

- ¿Usted es conciente de que ese planteo es imposible en el mundo de hoy? ¿De qué otra manera se puede revertir la realidad violenta de los jóvenes, porque todo indica que el mundo cambia permanentemente y es imposible volver al pasado?

Está bien…La función del Estado seria favorecer, como dice la nueva ley 26061 de Niñes y Adolescencia, la creación de instituciones descentralizadas en donde el chico pueda vivir una vida normal, de puertas abiertas, donde pueda tener un desarrollo de su afectividad, de todos sus potenciales. De alguna manera, este tipo de instituciones vienen a cumplir el rol que nunca tuvo la familia.

- ¿Y en qué tarea concentra usted el esfuerzo? ¿En qué conceptos?

El triunfo está en darle a un chico todo lo que un chico de clase media puede tener. Yo tengo esa posibilidad que el Estado no la tiene. El que quiere cambiar, cambia. Aquí han venido menores delincuentes y menores que han cometido delitos.

-¿Qué hace esa diferencia?

Muy simple: uno puede saber sumar, restar, dividir, pero no soy profesor de matemáticas. Tengo un operador que tuvo 42 delitos pero que yo no lo considero delincuente.

- ¿Cuándo cree usted que sí son delincuentes?

Cuando su vida pasa por trabajar en el delito, sin que haya alguna posibilidad de que deje ese tipo de vida. Hay gente que ya no quiere cambiar, por más que alguien le muestre que hay otro camino. Yo he tenido 7 menores acusados de homicidio en el hogar de los que hoy puedo afirmar que son personas honorables. ¡No eran homicidas! Habían cometido homicidios, pero decidieron no dedicarse a eso.

- Cuando usted habla con ellos, ¿nota que se han arrepentido?

Si, se han arrepentido. Tengo el caso de un chico que en este momento es regente en el hogar que me pidió que le diera la posibilidad de pedirle perdón a la familia de un hombre que él había matado; un caso terrible. Solamente la madre del muerto aceptó el pedido de perdón.

- ¿Cómo fue ese momento?

Nos juntamos en una capilla y la madre le aceptó el pedido de disculpas. Lo abrazó, lo besó y le dijo que “la vida de mi hijo fructifique en la tuya”.

- ¿Cree que el hecho de reconocer el error les ayuda a cambiar de vida?

Yo creo que la mayoría de los chicos, si tuviera la oportunidad que tienen acá, podrían salir. Tiene que haber vocación de servicio.

- ¿En qué consiste la tarea que usted hace?

Creo que nuestra experiencia es digna de ser investigada científicamente. Uno hace lo que puede, pero alguien debería investigar por qué aquí los chicos logran cambiar, salen de la droga, se integran a la sociedad, se casan, estudian, trabajan. Desde mi humilde punto de vista, lo más importante es que se les pueda internalizar las normas con conducta estricta, y lograr que el chico salga adelante.

-¿Y cuál es la diferencia sustancial que usted percibe con el tratamiento que se les da desde el Estado?

Lamentablemente, aunque no quisiera, el Estado debe recibir a todos, no puede elegir entre recuperables y los que no tienen ganas de cambiar. Lo que queda allá (en el COSE) están porque no hay capacidad para más. Si hubiera más ONG como la nuestra, tal vez el estado tendría sólo 10 internados. Hay muchas ONG que no cumplen su función, son verdaderos aguantaderos: sólo los aguantan y les aguantan los vicios.

- ¿Cómo lo hace usted?

Hay que capacitar al chico para el esfuerzo, que salga con las herramientas para defenderse afuera. Algún oficio practicable y con salida laboral real, como gasistas, plomeros y electricidad. Hemos pedido al gobierno instalar los CCT (centros de capacitación para el trabajo), hemos recuperado 700 metros cuadrados de taller y no pasa nada. No hay respuesta de la DGE.

- ¿Cómo se sienten trabajando?

La dignidad la da el trabajo. Los chicos reciben una beca de 240 pesos por el trabajo que hayan realizado. Algunos, entonces, reciben 500 y otros 50. Eso en el estado no se puede hacer. Los que se levantan a las 6 de la mañana y se van a trabajar, a desmalezar, a recuperar una plaza, cobran más plata de beca. Así es el mundo afuera. De acuerdo al esfuerzo que hagan, es la beca que reciben. Y con eso se tienen que comprar la ropa, las zapatillas o si quieren cambiar la marca de champú. Si no quieren estudiar ni trabajar, no hay plata. “Trabajen más y van a tener plata”, les digo.

- ¿Qué le indica la experiencia de estos años que han pasado?

Tengo un ejemplo: hubo un caso que no podía lograr que trabajara. Después de mucho esfuerzo, se casó, consiguió no uno, sino dos trabajos. Y a los dos años, trabajaba tanto, de noche y de día, que sufrió un tremendo cansancio y tuvo que ser atendido por los médicos. Como conclusión, yo creo que los chicos deben sentirse queridos y respetados. Son hipersensibles y detectan a simple vista quien los quiere y quienes no. Si ellos se sienten queridos y respetados, hay una devolución. Eso no se fabrica ni se inventa, se cultiva.

- ¿Cuál es su receta?

Primero hay que ganarles el corazón, después la inteligencia para que el chico vea el camino y en tercer lugar la voluntad, con el ejercicio diario de una vida normal, asumiendo hábitos, valores. Acá le transmitimos esos valores a través de una media hora de meditación. Aquí hay chicos que eran irrenconciliables afuera y que acá viven juntos.

- Por ser un ámbito religioso, ¿su oferta incluye la captación de esos chicos hacia la religión católica?

No. Aquí se les enseña a vivir el Evangelio.

- ¿Y…no es lo mismo?

No, porque Cristo no nos enseña otra cosa más que ser seres humanos hechos y derechos. Acá cada uno mantiene sus creencias religiosas. Por ejemplo, hay un chico que estuvo en REMAR (que es una ONG vinculada a la iglesia evangélica) un año y medio, se fue y volvió a la droga. No quería venir porque me iban a llenar la cabeza y ahora dice: “Bueno, nada que ver con lo que yo pensaba que me iba a pasar aquí”. No los atosigamos con cuestiones religiosas.

- ¿No le da miedo trabajar con adolescentes después del caso Grassi?

…No…(espera unos segundos y ratifica)No, porque todo lo hago por amor a Dios. Si uno empieza a ver todos los problemas que pueden venir, uno no haría nada. No se subiría a un auto por miedo a que choque…

- ¿Coincide con la homilía del arzobispo Arancibia en el sentido de que todos os criminales tienen recuperación?

Yo creo que sí, a no ser que tengan un problema psiquiátrico muy grande. Hay que tratarlo hasta que el chico se convenza que tiene que cambiar. Hay que tener mucha paciencia para que se convenzan que tienen que cambiar. Hay chicos que inmediatamente cambian y otros que no. Hace un mes, un chico que me trajeron por homicidio vino y dijo que “por más que me den la libertad, yo quiero seguir acá”. ¡No quieren volver ni a su casa ni a su entorno!

- ¿Y por qué cree que pasa eso?

Mire: uno puede llevar a un chico con diarrea a un hospital por tomar agua contaminada. Allí lo pueden tratar y medicar y cortarle de cuajo el problema. Pero si vuelve al barrio y sigue tomando de la misma fuente de agua contaminada…En fin, nunca se le va a cortar la diarrea.

- ¿Por qué no alguien, sobre todo un joven, no querría volver a su casa, a sus amigos?

Los chicos están cansados de esa vida de delitos, de la calle, pero no encuentran otra forma de vida. Te das cuenta cuando ves que no se quieren ir de acá. Yo a veces los castigo comprándoles el pasaje en micro para que vuelvan a su casa, ¡y no quieren! Allí es cuando valoran lo que están recibiendo en el hogar.

- Muchas veces usted los lleva de visita a sus hogares, generalmente en las márgenes del Gran Mendoza.¿Qué pasa en sus hogares?

En la mayoría de los casos, la familia fracasó. Volver a internar con la familia entonces es volver a lo mismo. Si un chico tarda dos años en cambiar, ¿cuánto tardaría una familia, aunque le manden una trabajadora social una vez al mes o cada 15 días? Es el tema que contaba del agua y la diarrea…

- ¿Qué pasa con la sociedad? Es la gente la que pida que encerremos a estos pibes que agraden y matan…

Ese es el gran tema: la sociedad debe entender que estos chicos son nuestros. No lo voy a ocultar, yo he tenido problemas en Monte Comán por el hecho de que aquí se alojen este tipo de personas. Pero no sólo es el entorno social, sino que también los empresarios son sordos al problema. Yo he pedido ayuda por todos lados y salvo el gobierno, nadie me ayudó. Todos los gobiernos me han apoyado, tanto en la época de Iglesias como con Cobos y ahora con Jaque, Ha habido un apoyo que se ha dado en la medida en que uno demostró que funciona. Este año me dijeron: “Poné los montos que vos quieras” en el presupuesto.

- ¿Cuánto aporta el Estado?

Alrededor de 1 millón 300 mil pesos al año. Varía de acuerdo a la cantidad de chicos que deriven.

- ¿Conoce experiencias similares en el mundo, en donde el Estado le encargue esta tarea a organizaciones sociales o privadas?

Creo que en Estados Unidos el gobierno paga 400 dólares por día a las ONG para recuperar chicos. En Estados Unidos esto lo hacen las ONG, por supuesto, con el control del Estado. Yo le he pedido a la Dinaf que haya personal controlando y en este momento tengo a un contralor del gobierno adentro, controlando los fondos. Pero también uno ve que en muchas ONG los chicos se siguen drogando, se siguen fugando y nadie les dice nada.

- ¿Le parece que el estado sólo debería garantizar recursos y controlar?

El Estado lo que debería hacer es nada más que distribuir fondos y controlar, dando las partidas que realmente sean necesarias, por supuesto.

- Bueno, pero ¿qué pasa con las empresas, cuál ha sido su experiencia?

No quiero dar nombres aunque me salgo de la vaina por hacerlo, pero hace poco pedí a una empresa que colabore con materiales de construcción para reparar unos talleres de oficios y…me rebotaron. Por ejemplo, una gran empresa me ofreció sólo 10 bolsas de cemento…Les dije que se lo guarden…

- ¿Falta compromiso?

Las cosas sobre seguridad están como están porque la sociedad no quiere colaborar. La sociedad tiene lo que se merece. No se quieren hacer cargo de que hay que ayudar para que esos chicos salgan adelante. Yo podría tener 20 o 30 chicos más, pero no puedo porque no tengo los medios económicos. La inseguridad es un castigo de Dios para esta sociedad sin solidaridad.

Opiniones (12)
23 de noviembre de 2017 | 10:27
13
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23 de noviembre de 2017 | 10:27
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Es cierto, Dios no castiga. Dios da MAZA.
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  2. Es grave el mensaje que dio como sacerdote .Creo que merece una explicación. trabaje en movimientos juveniles, como catequista y en cvx (comunidades de vida cristiana ), espiritualidad ignaciana en Mendoza . Es mas estuve alli haciendo ejercicios ignacianos. Liliana Moar, el 27 de abril a las 20:50 se que es largo pero da para hablar mucho. yo en su momento fui militante en la iglesia. hoy decidi dedicarme a mi familia que me necesita mas. No todas las ovejas van para el mismo lado.....debemos buscar la que se van, eso olvidamos.. Falta caridad cristiana enalgunos los que no dejan de ser hombres y en nosotros que vamos a misa todos los domingos, la mayoría para cumplir simplemente y estra bien con nuestra conciencia. Pero que hicieron por el prójimo. (eso lo olvidamos) liliana moar
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  3. En algun tiempo trabaje en movimientos de la iglesia, durante un largo periodo. Por eso estoy en total desacuerdo, Dios no castiga al contrario perdona y quiere que los hombres mejoren. La inseguridad viene por haberse vilado derechos de la niñez y antes a los padres. Somos una sociedad egoista, descriminatoría y pretendemos que todo sea magico, sin aportar un ghrano de arena. tengo muchop mas para decir sobre la nota, me estendería. Los jovenes anda sin sentido, con futuro incierto y debberiamos de dejar de echar culpas y ponernos a trabajar en lugar de ver la paja en el ojo ajeno o lo errores de otros. al fin al en vez de ayudar nos ragamos las vestiduras.....
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  4. Me costó horrores leer su artículo a causa de los reiterados errores ortográficos, le recomiendo releer sus propios artículos antes de publicarlos. Además quisiera decirle que me molestó mucho el tono que utilizó para referirse a ésta persona que hace el trabajo que nadie está dispuesto a hacer. Si es cura o no, no es relevante en éste caso. Lo que es relevante es lo que se hace o deja de hacer en el hogar, y de eso, no obtuve nada en su artículo. Espero poder ver un artículo que realmente me informe, y no que busque generar animosidades entre sus lectores. Gracias.
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  5. Un "opinólogo" que le eche la culpa a Dios (su propio empleador) de la inseguridad que ninguno de estos inútiles sabe como combatir.
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  6. me lo dijo un pajarito
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  7. y las violaciones y vejaciones a menores por parte de "curas" tb es un castigo de dios?
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  8. vos cómo sabés?
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  9. ¡¡Por tu culpa!!! ¡¡Por tu culpa!!! ¡¡Por tu culpa!!! (y golpéese el pecho)
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  10. es un castigo de kake..no de Dios!!
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