Luis Sandoval

"En Colombia, la gente cambió derechos por seguridad"

Politólogo colombiano, columnista de El Espectador y directivo de Redepaz.

Luis Sandoval es politólogo y autor, como tal, de una decena de libros sobre Colombia. No es imparcial: se trata de uno de los ideólogos de la oposición al presidente Alvaro Uribe Vélez, nucleada en lo que se ha denominado como Polo Democrático Alternativo.

Sus columnas pueblan las páginas del diario El Espectador y es parte de la comisión directiva de una de las más importantes organizaciones sociales de su país, Redepaz, la Red de Iniciativas para la Paz.

Fue el representante de este movimiento en la convención demócrata estadounidense y no disimula su admiración por Barack Obama. De hecho, sostiene que “Obama impulsa el concepto de ´comunidad organizada´”.

Pero además, desde su último libro, “Polo Democrático Alternativo. ¿Hacia dónde? ¿Con quiénes?”, sostiene conceptos sobre lo que debe ser, a su criterio, un partido político. Lo escribe y defiende para Colombia, pero puede ser leído y decodificado aquí también, por cierto. Dice Sandoval: “Un partido político es un proyecto político o no es nada. Partido y proyecto se reclaman mutuamente. El análisis de una experiencia política requiere examinar los dos elementos con rigor, por separado, en su interrelación y en su contexto”.

¿Hacia dónde va Colombia, políticamente hablando, luego de que el principal soporte del gobierno actual, George Bush, desapareciera de la escena?

- Este régimen político está cercado por países que van en otro sentido. Fíjate tú lo de El Salvador: otro gobierno de izquierda en América Latina. Y lo de Estados Unidos, con todo lo que eso significa: cambio de ambiente, cambio de referentes. Sin embargo el gobierno de Colombia se las ingenia para seguir primero, manteniendo su opinión y su signo, engolosinado con Bush, pegados con aquel proyecto. Hacia fuera eso no tiene mucho asidero, pero hacia adentro sí, todavía.

¿Hay alternativa en su país?

- Yo no sé en qué momento el “embrujo autoritario”, como le llamamos aquí, terminará. Lo de Uribe es una forma autoritarista de deterioro de la Constitución de 1991. La gente tiene más seguridad, pero tiene menos derechos. ¿Cómo es que la gente termina favoreciendo un régimen con su opinión, con sus votos, cuando en el fondo la gente se está empobreciendo más, cuando tiene condiciones de vida menos positivas, menos favorables; cuando sus derechos están menos garantizados? Eso me pregunto. ¡La seguridad no lo es todo!

¿No será acaso que la gente, acorralada por el miedo,  esté renunciando a sus valores históricos, más perdurables en el tiempo, como sus derechos, nada menos, a cambio de un rato de tranquilidad?

- Sin dudas, algo de eso nos ha pasado. Se trata de recibir algo a cambio de otra cosa, a un costo muy alto. Es cierto. Ahora en Colombia se pueden recorrer las carreteras. Antes, uno iba a Melgar, aquí a dos horas, a un sitio de veraneo, y podían secuestrarlo. O sea, no se podía disfrutar del fin de semana, no podía cambiar de clima, el turismo estaba deprimido. ¡Catastrófico! Ahora la gente viaja por las carreteras y hace turismo, cosas de esa naturaleza. Pero claro, ya la guerrilla no hace “pescas milagrosas”, pero es el Estado el que hace detenciones masivas, metiendo durante meses a la cárcel a mucha gente inocente, campesinos, gente supuestamente vinculada con grupos armados sin que lo fuera, realmente. No sé por qué eso nos duele menos que lo otro. Pero, ¿por qué? Es lo que yo me pregunto.

¿Se puede hablar entonces de una gran derrota de Colombia, después de tantos años de lucha contra la violencia, la gente lo que pide es violencia de otro lado para poder vivir?

- Así es. Fíjate que viene ocurriendo lo siguiente: en Colombia se fortalece ese régimen de derecha, vinculado al esquema diseñado por Bush y a la guerra antiterrorista global y a algún deterioro de la institucionalidad colombiana, todo eso, al costo tan alto que estamos pagando, como lo hemos estado comentando. Pero al mismo tiempo, nunca en Colombia había habido una unidad tan grande de la izquierda. Está unida la derecha, pero la unión de la derecha induce la unión de la izquierda. Pero tenemos casi diez años de unidad y convergencia de los sectores de izquierda democráticos, en el Polo Democrático.

¿Este es un fenómeno solamente político o tienen parte los movimientos sociales, esa tendencia que marca la época desde Lula a Evo Morales y llegando, en opinión de algunos, hasta Obama, inclusive?

- Totalmente. Si no fuera por los movimientos sociales no existiría el Polo Democrático. Los movimientos sociales alimentan a este núcleo. El Polo surge en buena parte de los sindicatos. La secuencia es la siguiente: en 1998 nace con un asesor de Derechos Humanos, luego surge el Frente Amplio hasta que luego la central de trabajadores, la CUT, toma la idea de transformar el Frente Amplio en un frente de carácter social y político. Y desde allí, en 2002, se lanza la idea de Polo Democrático, hasta que en 2005 se torna Polo Democrático Alternativo. Hay una secuencia que va desde lo social hacia lo político.

De las iniciativas de paz, que somos aquí numerosos grupos dinámicos de movimientos y ciudadanos, el 80 por ciento estamos en el Polo Democrático. Están aquí dirigentes sindicales, referentes de paz, dirigentes de las regiones, campesinos, indígenas…

Usted fue el representante de su partido en la convención demócrata que consagró a Barack Obama. ¿Cree que su camino representa algo similar al surgimiento de movimientos sociales o es puro marketing?

- Creo firmemente en las dos cosas. Obama se sostuvo en los movimientos sociales de una manera inédita en su país y representa, aun después de haber asumido la presidencia, la voz de sectores que no tenían voz. Fíjate que su movimiento sigue vivo y movilizado aun después de las elecciones. ¡Hay unos 11 millones de militantes que están activos! Semanalmente mantienen contacto con la ciudadanía y claro, lo hacen mediante estrategias de marketing. Nada funcionaría en Estados Unidos sin el marketing.

¿Es un gobierno de izquierda el de Obama?

- Es un gobierno que tiene condimentos muy interesantes. Sostiene, por ejemplo, un concepto que te resultará familiar: el de “organizar community”.

¿Comunidad organizada? ¿Es peronista Obama?

- Jajaja.

Volviendo a Colombia… ¿ Es posible que el Polo Democrático quede entrampado en los debates internos que se dan fuera de Venezuela en torno a si están o no con Chávez? Hay países en donde los candidatos de izquierda deben renegar de Chávez para poder crecer…

- Aquí yo creo que no va a pasar. Pudo haber pasado hace algunos años. En otro momento, el impacto de Chávez aquí era muy grande. Ahora hay menos entusiasmo. Chávez ha cometido errores en su relación con Colombia, aunque ha tenido acciones muy valiosas también. Pero en general, ha bajado mucho el impacto positivo que existía del fenómeno político como tal y de su proyecto político. Si el Polo en Colombia tiene problemas es porque las izquierdas nuevas no son las que han predominado, sino más bien las izquierdas tradicionales. Hay un desgaste en el Polo que viene de allí y es lo que analizo en mi nuevo libro. Entonces, tenemos un peso muy grande de formas viejas de hacer la política en el Polo, desafortunadamente, aun, siendo un proyecto que sigue siendo válido. Esperamos volverlo a poner en buenas condiciones.

¿Colombia cambiará su identidad política?

- ¿Desde el Polo?

Sí, claro.

- Debería, debería. Podría, si retoma las vías originarias del Polo que era de una apertura muy grande que era de recoger dinámicas sociales muy legítimas como, por ejemplo, las de los indígenas que en Colombia son muy fuertes. Ellos están creando un movimiento muy interesante de civilismo contra el armamentismo. Tomaron hace poco la Plaza de Bolivar y eso debe ser representado políticamente por el Polo.

¿Un indigenismo del siglo 21, sin revanchismos?

- Exactamente; se trata de eso. Usando los mecanismos de la democracia moderna…

¿Qué falta para que haya una real alternativa en su país?

- Lo que hay que hacer es evitar plegarse al proyecto regresivo de las élites tradicionales, pero tampoco sumarse al proyecto de una izquierda tradicional poco libertaria, que puede tener razón en su reclamo de una justicia de fondo, pero que hace una práctica política poco práctica.

¿Será por eso que como dice Benjamin Goldfrank, la izquierda ha tenido más éxito en Latinoamérica en las gestiones prácticas, en el gobierno de las ciudades?

- Si claro. No va a salir nada adelante, además, si no hay diálogo con otras experiencias y expresiones políticas afines y de gestión en Latinoamérica.

La última: ¿Por qué cree que Uribe representa para las derechas del continente un atractivo similar al que produjo José María Aznar en su momento?

Quizá por algo que tú decías algo; porque él recogió un sentimiento que estaba latente en la sociedad. Aquí se produjo una fatiga en un período en el cual se puso mucha ilusión en la vida colombiana, como era salir del conflicto armado mediante el diálogo, la negociación y el acuerdo, durante el período que terminó en 2002. Cuarenta y seis meses de micrófono para la insurgencia, fueron. Pero hubo muchos problemas y terminó en un agotamiento total; se cometieron muchas atrocidades. Fue entonces cuando Uribe levantó la bandera de que había que poner “mano dura” y coincidió con el 11 de septiembre, con el atentado a las Torres Gemelas. Uribe sintonizó con una onda antiterrorista mundial. La gente lo vivió como una oportunidad para el fin de la inseguridad urbana, también.

Así como García Márquez escribió “El amor en los tiempos del cólera”, ¿te acuerdas?, bueno, Uribe nos ha metido en “la política en los tiempos de la ira”. Uribe nos ha metido en la onda de eliminar, acabar, exterminar a la insurgencia. Ha desatado una ola de odio total. Es como una “democracia emotiva”, pero de sentimientos negativos. Te diría: Uribe es capaz de entusiasmar a la gente, de levantarla con sentimientos negativos de acabar con el otro; de mantener la vigencia de la guerra como Bush lo hizo con el mundo. Pero en el mundo la onda cambió. En Colombia no.

¿Qué épocas vienen para Colombia después de todo esto?

- Viene la época de la convivencia, de la conciliación, de los derechos, de la vida. Algo así tiene que venir en Colombia. Debe ser el principio de “los otros tiempos” y no los de la “política en tiempos de ira”.

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