Hidalgo Bastién: "Debemos trabajar por una pintura inteligente"

Comenzó a pintar de forma profesional en el 2004, pero tiene una prolífera obra: más de tres mil cuadros. Llegó a la capital trasandina desde Concepción con la idea de generar colectivos artísticos. “No se ha perdido la pintura, lo que se ha perdido es el contenido, el sentido, el para qué”, dice. Interpelador y agudo, el artista está concentrado en temas ecológicos y tiene una serie de trabajos dedicada a los insectos.

camila reveco

Luis alberto hidalgo bastien

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¿Qué creen ustedes qué es ser artista? Se preguntó el pintor español Pablo Picasso. “Es un ser político que vive pendiente y consciente de todos los acontecimientos que ocurren en el mundo y reacciona ante ellos. La pintura no existe sólo para decorar las paredes de las casas. Es un arma que sirve para atacar al enemigo y para defenderse de él”. El artista Luis Alberto Hidalgo Bastien (Santiago de Chile, 1969) -integrante de la Asociación de pintores y escultores chilenos -APECH- y Director de la Sala de arte Galería Mackenna en Santiago de Chile- retoma esta definición y promueve una forma de trabajo colectiva junto a la historiadora de arte Gisela Sanhueza y un variado grupo de artistas.

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A través de cada propuesta, siempre autogestiva, salen de sus preocupaciones individuales (y de sus talleres) para reflexionar sobre las posibilidades del presente. De esta forma, buscan refundar prácticas sociales atravesadas por la fuerza creativa, y establecer nuevos montajes colectivos de enunciación. Aquí, no se intenta resaltar el Yo. Por el contrario, lo que vale, es la producción de un foco grupal de discurso. Lo urgente, está dado por la forma en que los artistas se relacionan con su contexto y el entorno para plasmarlo en una obra que verdaderamente aporte a la práctica artística-estética.

“Necesitamos pinturas poderosas”, asegura Luis Alberto y advierte: “La pintura puede ser una herramienta letal, pero no está siendo usada porque hay un vacío intelectual a causa de la pintura de consumo”. La suya, es una obra plagada de color, figura, signos, símbolos y espacios abstractos en medio de “atmósferas viscerales y signos terrosos”, en palabras de Jaime Petit.

-¿Qué sentido tiene para un artista formar parte de un colectivo?

-El hecho de agrupar a artistas en torno solo un contenido se había perdido, y nosotros volvimos a retomarlo. Sabemos que nos hemos transformado en un referente para Santiago, pero la finalidad de esto es que el ciudadano común, el espectador, se lleve la impresión de que el pintor está comprometido con un discurso valórico para la sociedad, que está cercano a lo que realmente debe hacer un artista: informar, discutir, proponer. Yo creo que es hora de recuperar ese sentido más humano, más social. Un artista debe dar una opinión, como cuando ves una buena película o lees un buen libro. Así como existe cine con inteligencia, también tiene que existir pintura con inteligencia.

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-¿De dónde surge tu preocupación por la naturaleza, y en especial por los insectos?

-A mí me gusta la entomología, fui entomólogo cuando estudié en la universidad y estuve metido en la recuperación de suelos perdidos por derrames de combustible, de petróleo… Trabajé en empresas que eran recuperadoras de medio ambiente. En mi área profesional, hasta los treinta años, trabajé en eso. Pero a partir del 2008 la pintura estaba metida en mi mente por lo que ya buscaba un estilo propio en la pintura. Me costaba buscar una línea y un punto específico que fuera mío. Yo era bien competitivo en esa época y de alguna manera las distinciones que fui ganando en esos años me fueron abriendo distintos campos de aprendizaje en las artes, pero también te vas haciendo de enemigos.

-¿Cómo definiste, en el transcurso del tiempo, tu estilo?

-La propia creación es un juego de ajedrez, que se vuelve tu herramienta estratégica. Yo sentí la obligación de tener un discurso propio y un lenguaje; y es por eso que aparecieron los insectos. Aparecen justo cuando se crean abejas mecánicas en Italia para la polinización, cuando se descubre que en Chile hay una desaparición de la población de abejas… Yo salgo a pasear y descubro que hay más moscas y menos mariposas. Me voy a vivir a las faldas de un cerro y había bosques de pinos, eucaliptus y álamos, pero no había vida de insectos. Entonces empezaron a aparecer en mis cuadros una serie de bichos que se representaban por las alas, y que se repiten una y otra vez, que necesitan hacerse visibles.

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-¿Qué opinas del escenario del arte contemporáneo?

-Llegó un periodo del arte, después de los 90, en donde necesitas crear impacto. Pasa que el mercado del arte llega a evolucionar tanto que ya no es impactante ver una pintura o una escultura. La educación, los multimedios, avanzan a medida que va avanzando la historia del ser humano, entonces deja de ser impactante una pintura por sí sola. Pasa a causar más asombro poner una juguera con pececitos de colores y apretar un botón; agarrar un tiburón y cortarlo en trozos y ponerlo en una piscina; o hacer una escultura humana gigante; hacer un globo aerostático en acero inoxidable. No es nada más que un show. Creo incluso que en las bienales tampoco hay propuestas dirigidas, hay muchas propuestas que se eligen para ser representadas, pero ninguna dirigida. No ha habido ninguna bienal en donde se hable de una temática unificada porque ningún artista se quiere comprometer ideológicamente con nada.

-¿Y el público?

–Justamente como vivimos en una sociedad de consumo, el espectador lo quiere todo fácil. Por eso hoy se representa a una chica desnuda y eso es más fácil que ver una pintura compleja. Igual el artista no tiene por qué tener que explicarle al público lo que hizo o hacerle un discurso, porque la pintura es una cuestión de sensibilidad: me llega o no me llega. El arte tiene que ser así.

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-¿Cuál es, desde tu impresión, el estado actual de la pintura?

-Pasó a ser o sólo una mancha, o sólo un cuerpo desnudo pintado… Creo que lo que viene con mucha fuerza es la nueva interpretación de El Bosco. Tiene que ver con las mutaciones, las transformaciones, estos discursos que vienen con un doble sentido… ¿Y por qué? Porque el realismo como tal, sólo es técnica. Tú ves por ejemplo a Guillermo Lorca, chileno, que es espectacular, y tú ves la belleza de una pintura actual que tiene lo de hace 200 o 300 años atrás… ¡pero no ves una propuesta nueva!

-Entonces, ¿qué sentido tiene pintar hoy?

-¿Cuál sería el papel? Es una pregunta interesante… Voy a tomar a Anselm Kieffer como ejemplo, que pudo pedir perdón en nombre del pueblo alemán, por el genocidio de la Segunda Guerra Mundial. Hizo una instalación espectacular en Auschwitz en donde colocó miles de zapatillas con sus numeraciones en un subterráneo, y son las almas de millones de cuerpos. Es estremecedor. Con eso Anselm Kiefer generó un ícono dentro del arte, que después de una terrible guerra y un terrible desenlace, el arte pasa a ser un mediador entre el pueblo alemán y el pueblo judío.

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-Arte para la construcción de la memoria colectiva…

-Y es así como la pintura se convierte en una herramienta de discurso; en un arma de política. Eso se ha perdido… El discurso de que la pintura puede ser un arma. Ha pasado a ser un objeto decorativo, comercial, dependiendo del autor o su importancia, y también un objeto de rivalidad porque los artistas pelean entre ellos. 

A veces un artista puede creerse mejor que otro por saber hacer bien un ojo… ¡pero la pintura es mucho, mucho más que eso!".

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  • Entrevista y producción: Camila Reveco, editora Revista Ophelia (creveco@revistaophelia.com)

  • Transcripción: Julián Reveco