¿Son necesarios los jardines maternales?
La Red de Universidades por la Educación Infantil deja una serie de aportes para debatir cambios en el tema.
por REDUEI

En síntesis puede mencionarse que en Argentina actualmente nos encontramos con:

• Familias en una situación crítica de desmembramiento por distintos factores.
• Un proceso de transición en las concepciones de familia, mujer y escuela.
• Una marcada tendencia a la privatización de la educación inicial, comenzando por el primer ciclo de la Escuela Infantil: el Jardín Maternal al que acceden masivamente los/as niños/as provenientes de los sectores de recursos medios y medios altos.
• Insuficiencia, cuando no carencia, de Jardines Maternales en los sectores más afectados por la creciente pobreza.
• Una nueva ley de educación que centra la educación como derecho social; que considera necesaria la consolidación de la identidad nacional, la educación para la democracia y el logro de una sociedad más justa.

Ante este panorama, la REDUEI propone:

Una reglamentación para los Jardines Maternales que contemple:

• El cumplimento pleno de los artículos 2 y 4 de la Ley Nº 13.298 de la Provincia de Buenos Aires en los que se comprende a las persona desde su concepción hasta alcanzar los 18 años de edad, conforme a la Convención sobre los Derechos del Niño.

• El artículo cuarto define el interés superior del niño la máxima satisfacción integral y simultánea de sus derechos en un marco de libertad, respeto y dignidad, para lograr el desenvolvimiento de sus potencialidades, y el despliegue integral y armónico de su personalidad. El decreto reglamentario  dice: que el interés superior del niño deberá considerarse principio rector para la asignación de los recursos públicos.

• La creación de instituciones educativas que integren lo educativo y lo asistencial pero dentro del sistema educativo para garantizar los principios sostenidos en la nueva Ley de Educación.

• Formación docente en las Universidades Nacionales para el personal docente y no docente de los Jardines Maternales.

• Incorporación del financiamiento para la creación de las instituciones educativas integrales y para la formación docente universitaria.

• Reconocimiento del derecho inalienable a la educación desde el nacimiento, como sujeto “niño” situado cultural e históricamente en un espacio social.

• Desarrollo curricular de las instituciones educativas basado en el necesario equilibrio entre la enseñanza de los conocimientos socialmente válidos para esa etapa evolutiva con el juego y la creatividad que promueven los lenguajes estético- expresivos.

• Supervisión educativa de los Jardines Maternales efectuada por personal formado específicamente para este nivel, además de supervisión sanitaria y edilicia de los establecimientos educativos.

• Supervisión educativa dependiente del sistema educativo de referencia para que vele por una educación de calidad para todos los niños desde la cuna. 

Algo de historia...

Es importante plantear que el Nivel Inicial cuenta con una larga trayectoria hacia la conquista de un carácter institucional específico. Debe su origen a las condiciones sociales de la Europa de comienzos del siglo XIX (grandes migraciones derivadas de la reciente industrialización, incorporación de hombres y mujeres al trabajo en las fábricas) y a Federico Fröebel (1782-1852), quien contribuyó a la institucionalización educativa de la infancia a través de la incorporación del juego creativo como contenido y método específico del nivel (enseñanza a la primera infancia). De este modo, dentro de colectivo escolar institucional se creó  la escuela para infantes diferente a los  modelos de guarda, protección y vigilancia de los niños, propios de casas cuna, orfanatos, guarderías fabriles, etc. Vigentes en ese tiempo histórico.

Pero esta instalación temprana en el campo de la Pedagogía en Europa no fue inmediata en Latinoamérica, pasaron más de cien años para que los Estados definieran como una prioridad política el desarrollo de instituciones específicamente educativas destinadas a la primera infancia.

En Argentina, recién hacia las décadas del sesenta y del setenta, el Nivel Inicial consigue mayor presencia en las políticas educativas estatales.

Con la sanción de la Ley Federal de Educación Nº 24195/93 se instala la meta de universalización, al menos, de la sala de cinco (5) años y se menciona al Jardín Maternal y al Jardín de Infantes como dos ciclos del Nivel Inicial dentro del sistema educativo. Al mismo tiempo, se abre la posibilidad, según los recursos económicos de las jurisdicciones provinciales, de inscribir al Jardín Maternal y a la sala de 3 y 4 años de edad en ámbitos de supervisión diferentes a los de la sala de 5.

Es en ese contexto de expansión, a finales del Siglo XX, en un mundo globalizado de políticas neoliberales aparecen cuestiones contradictorias como diversas formas de primarización del Nivel en algunas provincias del país. Decisiones políticas que se contraponen a la necesidad de juego, de aprendizaje y respeto por la especificidad de las etapas evolutivas de los niños, valorizándose a la Escuela Infantil  como un espacio de aprendizaje y enseñanza. El proceso de valorización surge en consonancia con otros planteos sostenidos en:

• La X Conferencia Iberoamericana de Educación (2000), en la que se reafirma la importancia de la educación inicial (desde el nacimiento y hasta la educación primaria o básica, según las distintas acepciones en los países) como una etapa fundamental para el desarrollo de la personalidad y para la construcción de la ciudadanía de los niños y niñas latinoamericanos.

• En la Declaración de Panamá, (producto de esa Conferencia), se señala la importancia de fortalecer la especificidad y especialización del nivel inicial (con objetivos, contenidos y métodos propios), instando al desarrollo de investigaciones y estudios científicos. Consideraciones que han hecho necesaria la formación docente para el nivel inicial en el ámbito universitario. 

Las cuestiones contradictorias señaladas de por una parte: valorización de la educación inicial y por la otra: una pérdida de identidad de origen debido a la multiplicidad de instituciones que ofrecen propuestas educativas o de guarda de niños/as, está contextualizado por una creciente pobreza y marginalidad, donde se acrecientan la brecha entre ricos y pobres, como consecuencia de la aplicación de las políticas neoliberales antes mencionadas y que continúan vigentes.

Las desigualdades existentes que se materializan en una  privatización de la educación Inicial para quienes tienen posibilidades económicas de acceso, que son una minoría de los/as niños/as. Y experiencias alternativas que disocian la educación, el cuidado y la atención integral de la niñez de la enseñanza de los conocimientos significativos socialmente válidos, como guarderías, comedores, casas con madres cuidadoras para los/as niños/as que no tienen posibilidades económicas.

En todos los casos, los más pequeños, quienes no tienen acceso a los bienes simbólicos y materiales de la sociedad, no encuentran garantizadas experiencias complementarias de lo social y lo pedagógico y, ni siquiera, lo asistencial.

Asimismo la privatización de las instituciones educativas se realiza sobre normas que regulan lo edilicio y las cuestiones sanitarias (similares a las exigidas para la apertura de locales comerciales) pero que no norman la actividad educativa ni el personal especializado que los eduque. Es por ello que puede afirmarse que aún las instituciones privadas adolecen de la calidad educativa que todos los niños merecen.

La Organización de los Estados Iberoamericanos (2002)  da cuenta de estas situaciones de injusticia para los más pequeños planteando que el proceso de expansión de la educación inicial en la región no ha conseguido superar la dicotomía entre la lógica asistencial y la lógica educativa. Consideramos que estas lógicas y sus procesos constitutivos, además de constituirse en objeto de estudio científico que facilite un  cuestionamiento al contrato fundacional del nivel inicial, y a la identificación y formulación de los problemas propios del nivel, tiene que integrarse con políticas estatales universales que garanticen la doble prestación de lo pedagógico y asistencial en los contextos sociales donde sea necesario.

Al mismo tiempo, corresponde a la Universidad pública asumir la producción de conocimientos en relación con estas problemáticas y la comunicación de sus resultados, colaborando así con la consolidación de la educación inicial como un área específica y asumiendo la formación docente universitaria para este nivel.

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30 de Agosto de 2014|03:52
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