Personas trabajando como esclavos en Mendoza

La autora de la nota, formula propuestas para superar una grave situación: el trabajo inhumano en zonas rurales de la provincia de Mendoza. Lo hace, recogiendo la información brindada la semana que termina por MDZ sobre el hallazgo de numerosas familias viviendo en condiciones infrahumanas en Maipú.

El tema de las personas que trabajan en condiciones infrahumanas, reducidas a esclavitud, nos remite necesariamente a la “inhumanidad” del capitalismo justamente “salvaje” que, en aras de la maximización de la rentabilidad, destruye la vida misma –desde el medio ambiente hasta seres humanos concretos-. Junto a ello, personas que por el condicionamiento en que están inscriptas sus trayectorias de vida, se ven obligadas a aceptar estas condiciones para poder subsistir.

Sin embargo, esta reflexión del carácter más estructural del problema y que tiene que ver con el orden económico-productivo vigente, no oculta otra que tiene que ver con la convivencia humana  y la dimensión simbólico-cultural del tema. Y que se refiere a cierta “naturalización” de estos hechos… O por si acaso ¿recién nos enteramos que en el Valle de Uco, en Lavalle, en el Sur, en el Este o en “la primera zona vitivinícola” –Maipú y Luján- de nuestra provincia los llamados “trabajadores golondrinas” trabajan  en condiciones de servidumbre y que esto ocurre año tras año?

 Esto se sabe y, además, sucede en localidades relativamente pequeñas, donde lo que se sabe es por todos conocido… Lo que ocurre es que muchas veces estas “condiciones naturales” de trabajo son llevadas a cabo por “empresarios respetables” y muchos de ellos destacados “hombres de trabajo”… Los demás son pobres “bolivianos” – se podría derramar mucha tinta con los distintos apelativos despectivos con que se alude a ellos- que por esa sola condición están “naturalmente” destinados a estos trabajos. Una construcción ideológica (que por cierto lleva siglos) y que legitima que hay seres humanos  de primera, de segunda, de tercera y de enésima categoría. Y que de tanto en tanto, nos horroriza  un poco –no mucho- pero seguimos igual.

Tenemos que ser claros, esto que sucede y que se expresa vilmente en el trabajo esclavo es nada más ni nada menos que la búsqueda de maximización de la ganancia por cualquier medio y que, en el caldo de una sociedad indiferente y un Estado ausente o cómplice, encuentra las condiciones apropiadas para su desarrollo.

En este marco, este tema nos puede movilizar de muchas maneras.  Una primera, indispensable es la indignación. No como una actitud moral privada, sino de ética social: mientras esto exista no somos dignos de considerar a este modelo de sociedad como “humana”. Otras son de inquietarnos, movilizarnos como sociedad para que estas prácticas se vayan desterrando: por ejemplo, que se diga públicamente qué empresas y quiénes son sus propietarios las que realizan estas prácticas “empresariales”. Así como están “los destacados”, estaría bueno saber quiénes son estos otro (quizás nos horroricemos ante infelices coincidencias). También promover prácticas que, en el marco de lo posible, vayan ya marcando el repudio.

Por ejemplo a través del consumo responsable: no comprar productos que utilicen mano de obra esclava. Hoy hay redes internacionales que promueven este tipo de acciones. Una organización que se dedica a esto en España es SETEM que publica listas de marcas, productos, etc. señalando en qué condiciones se producen: si  deterioran o no el medio ambientales, si utilizan mano de obra infantil, si permiten la agremiación de sus trabajadores, etc.  Se pueden hacer públicas y transmitir a organizaciones internacionales donde estas empresas pudieran estar vendiendo sus productos, las condiciones en que se realizan.

Es preciso que la Subsecretaría de Trabajo no sólo sancione a estas empresas sino que también de a conocer públicamente de quienes se trata. También es preciso que en una sociedad como la nuestra, la mendocina, que vive bajo una buena dosis de adormilamiento e hipocresía, tengamos la voluntad y la valentía para enfrentarnos a estas dolorosas otras facetas de nuestra “vida social”.
Opiniones (6)
19 de enero de 2018 | 11:19
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19 de enero de 2018 | 11:19
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  1. Voy a orar por ellos. Nadie se merece este tipo de vida.
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  2. En Mendoza deben haber cerca de un millón que trabajan para apenas sobrevivir...No solo estos son unos pobre infelices, somos muchos...
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  3. Ricardo representa lo que pienso de los comentarios vertidos en MDZ por la Señora Goldar.
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  4. SRA GOLDAR: LE PIDO UN FAVOR: NO GASTE SUS NEURONAS ESCRIBIENDO NOTAS O MEJOR DICHO COLGANDOSE DE LAS...NOTAS DE LOS PERIODISTAS DE ESTE DIARIO. EN MENDOZA SABEMOS PERFECTAMENTE, QUE VARIOS DE ESTOS EMPRESARIOS "DELINCUENTES" SE CODEAN CON LA FUNDACION. O QUIZA SUS PROPUESTAS LAS PUBLIQUE PARA QUE LA LEA ALGUN FUNCIONARIO Y LE DE ALGUN CARGUITO. POR LAS DUDAS QUE ESTO SUCEDA LE RUEGO QUE AL ASUMIR NO SE LE VAYA A QUEDAR PEGADO EL TRASERO EN EL ESCRITORIO COMO LE SUCEDE A LA MAYORIA DE LOS FUNCIONARIOS.
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  5. La felicito Sra. Goldar, pero Ud. pertenece a una fundación ecuménica y bien sabrá, como lo sabemos todos, que estos empresarios son muy bien recibidos en los ambientes ecuménicos, lo que le quita toda credibilidad a esos ambientes. Los ciudadanos comunes conocemos estos hechos desde hace mucho tiempo y conocemos quiénes son los que lo practican y sabemos qué ambientes frecuentan. He ahí por qué no creemos más en nadie. Los alumnos conocen estos hechos, sufren estos hechos a diario y luego van a la escuela y les cuentan un cuentito de lo que debería ser la realidad, en tanto están sufriendo una realidad totalmente distinta. He ahí por qué los alumnos no creen más en el sistema escolar. Los trabajadores conocemos ésto desde hace mucho tiempo y nunca lo vemos reflejado en las noticias, sólo esporádicamente, pero cotidianamente sufrimos en forma personal o por terceros éstas y otras muchas vejaciones al ser humano, en tanto que las autoridades sólo atinan a formar comisiones, organizaciones e institutos que analizan las causas y proponen soluciones, pero no solucionan nada. He ahí por qué no creemos en ninguna organización o institución. Nunca nos eneramos quiénes son estos grandes HDP, nunca van a la cárcel (¿no es ésto abandono de persona tal como lo de los padres hoy presos que abandonaron a sus hijos y éstos se quemaron?). He ahí por qué no creemos en el sistema de justicia. Muy buena su nota, pero .... ¡¡¡ Qué lástima que nunca pase nada !!!!.
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  6. Coincido en las responsabilidades del estado y buena idea de castigar a travez del no consumo. Pero es lamentable que tengan que terminar los medios (privados), o la gente(en forma privada) haciendo control sobre el estado y sobre otros privados, por que el estado no cumple con su funcion ni ahora ni nunca. Para los que hemos vivido de cerca la subsecretaria de trabajo sabemos que no se busca la justicia laboral ni mucho menos, es un lugar turbio de arreglos entre abogados donde se discute los montos de arreglo segun cuanto dinero necesitan para sus vacaciones en el verano. Lamentablemente todo es negociable entre estado, privados, medios, etc. Y lo peor de todo que todos nos llenamos las boca de que mal que esta la cosa, pero de alguna forma somos todos negociables (con algun aumentito, puestito o cualquier espejito de color nos silencian y nos venden el voto para la proxima).
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