La seguridad como "política de Estado"

Que la seguridad es y debe ser una política de Estado no es novedad. La complejidad de su abordaje tampoco. Desde la Reforma producida en el año 1999 en la que se delineó  principalmente la profesionalización de nuestra policía, se ha trabajado en este sentido y se han planteado numerosas alternativas, dado el carácter fundamentalmente multicausal del delito, que también plantea en forma necesaria un constante aggiornamiento de las acciones que se adoptan en esta materia.

Ahora bien, consideramos con firme convencimiento, que toda medida desarrollada en el plano de esta especial política de Estado requiere, como sucedió en aquellos años, de un certero consenso político marcado esencialmente por el diálogo plural y la apertura suficiente para captar y aplicar todo aporte serio, que en definitiva redundará en beneficio de los mendocinos.

Más allá de los avances que se han concretado en este aspecto, actualmente uno de los puntos más endebles del Sistema de Seguridad Pública se encuentra en el recurso humano que compone las Fuerzas de Seguridad.

Al menos durante este año se han sucedido una serie de hechos que han puesto en jaque la estabilidad del sistema, y lo más preocupante es que en su mayoría han tenido como  protagonistas inmediatos a sus propios hacedores. Suicidios, hechos delictivos, irregularidades, abusos, entre otros, han sido los sucesos de los que, casi perplejos, hemos sido testigos, los cuales se ven agravados por los matices “diversos” que han acompañado estas situaciones.

Recordemos los casos de policías que circulaban en los móviles en toda la provincia, incumpliendo con la obligatoriedad del uso del cinturón de seguridad, el encendido de luces bajas, estacionamientos irregulares no estando en ningún procedimiento que lo justifique, etc., lo que oportunamente detectamos y solicitamos se sancionara.

Uniformados apostando en el casino en horas de trabajo, cobro de diezmos entre los mismos efectivos policiales, relaciones sexuales en un móvil policial mientras deberían encontrarse prestando servicios, agentes convertidos en cazadores furtivos y escapando de los controles
correspondientes, robos al Estado, abusos sexuales, casos de gatillo fácil, vejaciones en comisarías, encubrimiento de toda una comisaría a un agente, que no estando en servicio,atropelló a un joven que esta en estos momentos luchando por su vida, entre otras situaciones que no tienen la trascendencia pública de las mencionadas, ejemplifican el estado de situación que describimos.

En estos días un policía aparentemente movido por un conflicto personal con las víctimas habría disparado con su arma reglamentaria a dos vecinos del Departamento de San Martín frente a la mismísima Comisaría 12. Como consecuencia de ello un hombre falleció.

En el particular, la justicia será la encargada de investigar y determinar los pormenores y la verdad del caso. Por nuestra parte, significaría una visión bastante parcializada acabar en este análisis.

La problemática existe y tiene una serie de aristas que deben analizarse pormenorizadamente, ya que es producto de un conflicto social de base que no puede pasarse por alto.

Al menos en un primer análisis, casos como los comentados no hacen más que diluir las prestaciones esenciales del Servicio Público de Seguridad. El mismo encarna una fuerte responsabilidad que, como bien lo manifiesta la propia Ley de Policías Nº 6.722, consiste en proteger los derechos de los habitantes de la Provincia de Mendoza, mantener el orden público y la paz social y asegurar la plena vigencia de la Constitución Nacional y Provincial, así como los poderes que de ellas emanan.

Por otra parte, no debe olvidarse que es por delegación propia del Estado Provincial que estos individuos son depositarios de la Fuerza Pública y como tales se encuentran sometidos a principios y procedimientos básicos de actuación que en forma constante y reiterada son pasados por alto, muchas veces con total impunidad. Pero no es nuestro interés repudiar con simpleza parcializante la situación de nuestra Policía, sino reconocer las falencias y cooperar a su solución, para beneficio directo de la misma y, a través de esto, promover la seguridad ciudadana.

Pero no alcanza detectar los problemas, deben sancionarse ejemplarmente los  incumplimientos, promover prácticas preventivas, desarrollar medidas innovadoras, replantear objetivos. En definitiva, trabajar profundamente y sobre todo, tal como hemos manifestado, con la apertura y madurez político-institucional suficiente.

No debe dudarse que es en la etapa formativa del aspirante a ser miembro de las Fuerzas de Seguridad el momento en que deben detectarse sus falencias, para darle un adecuado  tratamiento y en este sentido orientar las herramientas pedagógicas con que cuenta el Instituto
Universitario de Seguridad Pública para la consecución de sus objetivos. Por ello he solicitado al Sr. Ministro de Seguridad que en primer lugar deben reverse los contenidos técnicos específicos, jurídicos y sociales, profundizando su comprensión teórica y aplicación práctica en una realidad compleja en permanente cambio, agregando un permanente  perfeccionamiento y actualización con carácter obligatorio.

En segundo lugar le solicité se revea la distribución curricular que actualmente se imparte en el IUSP ya que, más allá de alguna falencia, dichos contenidos se encuentran centrados  principalmente en la instrucción académica y física de los aspirantes y, si bien existen
algunas materias en esta órbita, poco se hace en relación a la formación psicológica de los mismos, la cual siempre deberá estar en manos de los profesionales pertinentes.

Pero sabemos que el problema descripto no responde a un único aspecto y que requiere de un abordaje más amplio, por ello presenté un proyecto de ley promoviendo la modificación de la Ley Nº 6.722 Orgánica de Policía, fundamentalmente teniendo en cuenta el carácter profesional que esta norma consagra y profundizando la consideración del aspecto psicológico de los agentes.

Queda mucho por hacer, confiamos en que la continuidad de la gestión de seguridad sabrá recibir estos aportes y desarrollar otros tantos en los próximos cuatro años. Las heridas que marcarán siempre a todo aquel que en sus diversas manifestaciones, ha sido víctima directa o
indirecta de la inseguridad, sólo podrán restañarse con justicia, planteo que no debe quedar en un simple ideal teórico, sino en una serie de medidas concretas que construirán un sólido Sistema de Seguridad. Es nuestra responsabilidad y mandato popular, sin distinción de partido,
color o intereses políticos, empezar por las bases para levantar esta bandera y colocarla en lo más alto de las prioridades del Estado mendocino, como una verdadera política del consenso.

Armando Camerucci

Senador Provincial

Presidente Bloque UCR

Opiniones (1)
15 de diciembre de 2017 | 11:12
2
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15 de diciembre de 2017 | 11:12
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  1. ...vienen de la misma sociedad donde todos vivimos, se han educado con nosotros en la misma escuela, en el mismo barrio, son nuestros amigos, parientes, etc.. no son nada distinto a lo que somos la mayoria de los mendocinos... no será que debe cambiar culturalmente la Comunidad... allí creo que hay un fuerte déficit de valores, por consiguiente, los policías tienen las mismas características...eso no puede ser cambiado en un simple curso de meses o dos años..
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