Dulce cielo, brillante Candela

Los hilos se van enredando, ya casi no se puede ver la punta que inicia al ovillo, demasiados entrelazos para tan poco bulto. Norte o sur, Este u Oeste, diferencian no solo los climas, sino las ideas, actitudes, los  principios. Los valores. Ya estamos “acostumbrados”, a que nos vapuleen en nuestra propia zona, en el recinto donde respiramos, ese que compartimos con algo más superior que una persona de piel y huesos; sino con la idea, el temor, el vertiginoso cambio de vida o la costumbre de desaparecer. La palabra desaparecido es muy importante para nuestra conciencia colectiva, definitivamente para tener y mantener la memoria viva, y que no se apague ninguna Candela.

Hacen pocas horas se conoció que somos más de cuarenta millones de argentinos en nuestro país, dato que lanzo el resultado del último censo nacional. Apostando a que fueron varios de estos millones que se mantuvieron y se paralizaron, tan solo, por un segundo a pensar por ese ser infantil, con las ilusiones intactas de cariños, con mañanas de regalos, el placer del  desayuno en la cama y juegos de muñecas; que nunca más tendrá.

 Los números son cifras inertes y sin alegatos a la vida, hasta que les ponemos nuestra conciencia divina, por mencionar: Once, su edad. Diez, la búsqueda. Trece, la desgracia. Impactantes cifras que un especializado matemático puede resolver en un tris, pero un idónea de las cotidianidades no; Su madre, la que llora y no encuentra la explicación de no tenerla. Tal vez no hay que buscarle mas explicación a la muerte, dejarla ser, es un destino inusitado que no estamos dispuestos a reconocer. La recalcitrante muerte, aunque nos dé la espalda, hace su trabajo y la explicación es la vida, que debe seguir.

Desde el punto de fuga que usamos para observar el horizonte, sabemos que se comete una atrocidad. Somos padres, madres, hijos, hermanos, amigos de Candela y de todos los pequeños y niñas que desaparecen a diario. Que nada ni nadie nos impida callarnos y reclamar, con conciencia de tranquilidad la justicia que se merecen los que ya no están. El universo es imponente en noches claras y cada estrella se contempla con el brillo inmaculado de la esperanza, esa luz irradiante que nos pide Verdad, hay que buscarla, pelearla, debemos ayudarla, encontrarla, no solo por Candela, Miguel, Marita, Eduardo, Camila, Esteban, Aldo, Daniela y por los miles y millones más. Depende de nosotros el cambio, desde las bases de una sociedad, de buscar el poder sin pedirle permiso a nadie y ser libres de verdad, es la única forma de cuidarnos todos.

Los ojos más tiernos, la caricia más simple, la piel más sincera, el cabello color a otoño, el aura mas inocente y una vida que no volverá aquí, a decirnos como hacer de nuestros cuidados una costumbre de defensa. Nunca más, un paso adelante y tomemos la iniciativa del querer. Por los mejores seres de este planeta que por rato se quedan entre sombras, POR LOS NIÑOS DE SIEMPRE.

Buen viaje Candelita y descansá.

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21 de agosto de 2017 | 00:03
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