De soldados, candidatos y militantes

“Un militante no es un héroe, simplemente quiere vivir. Simplemente  no se conforma con que otros han decidido ya su vida, su futuro, sus módicas ambiciones y su muerte..”Este es un fragmento de un bello y fundamental texto de José Pablo Feinman  publicado en la revista “humor” en 1986, en donde el autor analizaba e interpretaba los cuestionamientos y la preocupación de organismos como el Banco Mundial y el FMI de que en la argentina existiera un nuevo “rebrote” de la militancia, en particular de la militancia juvenil. En el texto, el autor, da crédito a este “temor” de estos organismos por las características que atribuye a los militantes y más a aquellos que tienen esta vocación siendo jóvenes, justamente por el carácter cuestionador, rebelde y contestatario de un momento de la vida sumado a la voluntad férrea de no aceptar verdades rebeladas ni imposiciones arbitrarias, virtudes estas que son, o deberían ser, cardinales en un militante político.

Hace unos días una candidata a Diputada Nacional por el Justicialismo de Mendoza  se autodefinió como militante y  (SIC) “soldada” de Cristina. Más allá de lo estrictamente semántico,  obviaremos la posibilidad de que tenga propiedades similares al estaño, sea parte de la paga a un militar o que haya sido víctima de un atentado con una autógena, e interpretaremos que fue uno de tantos excesos en la utilización de la perspectiva de género (que terminan desvirtuando el sentido de su importante utilización) y que se refirió a ser una soldado de Cristina Fernández de Kirchner. Y esto nos lleva a la inevitable pregunta de ¿qué es ser una o un  soldado?

Evitaremos ir al obvio, fácil aunque a veces muy necesario, ejercicio de ir al mataburro, e intentaremos ir un poco más allá, porque está claro que esta abogada y candidata no quiso decir que es una militar reclutada, que tiene armas entregadas por la Nación para su defensa, ni que ha estudiado para ser un oficial de alguna de las Fuerzas Armadas.

Tampoco vamos a caer en el timorato lugar común de pretender que lo que dijo o lo que quiso decir nunca se había escuchado o que nadie lo escuchó. Muy por el contrario la mayoría o la totalidad de los dos o tres que lean esto habrán escuchado frases como “es un soldado!” o habrán dicho “estoy firme como un soldado” aludiendo a virtudes que, los que emiten esta expresión, ponderan de los soldados. ¿Cuáles son estas virtudes?

En “Military Ethics” de Davemport y Stokdale, (un documento que sirvió de fundamento  para declarar ilegal la ley de obediencia debida)  define cuatro virtudes fundamentales de los soldados; el amor a la propia patria y a la paz, el coraje, la contención o templanza y la obediencia.

Ahora bien: volviendo a la expresión inicial cual de estas virtudes enumeradas no condicen con las virtudes que debe tener un militante? Un militante que se precie debe amar a su Patria y hacer lo posible para que esta viva en paz, sin lugar a dudas debe tener coraje y templanza para soportar las dificultades, los resultados adversos y la incomprensión  de sus representados e incluso de sus mismos compañeros. 

 Pero hay algo fundamental que, a mi humilde entender, hace imposible la comparación y la analogía entre un militante y un soldado. Por ello, justamente, quienes son militares de profesión no pueden ser militantes políticos. Por ello quienes optaron por las armas como opción política se definieron como soldados con grados y jerarquías, ni más ni menos por el requisito fundamental de la obediencia.

Nietche refería a la obediencia como “la virtud de los esclavos”, yo prefiero considerarla como una opción personal, sin juicios de valor. Pero una opción que entra inevitablemente en conflicto con la opción del militante político, por lo menos con la definición del J.P. Feinman pre “ El Flaco” y con la opción de militancia que yo he tomado para mi vida.

Algunos pueden achacar, y con razón, el hecho de aceptar decisiones de cúpulas, acuerdos de elites y, porque no, la conocida ingesta de “sapos” por parte de la totalidad de quienes intervienen en política, pero esto bajo ningún punto de vista configura un acto de obediencia, por lo menos no de parte de quienes participan dentro del juego de sus organizaciones, aceptan las reglas más o menos democráticas y ganan o pierden de acuerdo a esas reglas. Siempre al último existe la decisión personal de aceptar o no esas determinaciones, por conveniencia, convicción y/o por dignidad existe la última  definición personal e íntima. Esa rebeldía que hace, justamente, de la militancia algo que no se puede mensurar desde la estricta lógica. 

En este sentido es que no entiendo tanto lío con el famoso tweet de la Candidata, es sumamente coherente con las últimas  políticas que ha tomado el partido oficialista en todos los aspectos y temas, incluidas las listas de sus candidatos; pueden decir que carecen de muchas otras pero, sin lugar a dudas, poseen  la virtud de la obediencia.

Lo que sí me suena a contradicción es la constante y hasta excesiva apelación a la figura del ex presidente Kirchner, quien, a mi entender, tuvo entre sus mayores virtudes la rebeldía y el permanente cuestionamiento al status quo.

Por lo demás, no me molesta ni me produce rechazo que alguien se defina como “soldado” si no cae en el oximoron  de también autodenominarse militante, calificativo que me honra y por el cual he optado como forma de vida.

Sí, estoy convencido de que los y las jóvenes son imprescindibles en la construcción de la democracia y nuestra patria, no como íconos vacíos de contenido, no porque que la condición de jóvenes  represente un valor en si mismo, sino como sujetos plenos de derechos, como actores estratégicos del desarrollo, como el motor por excelencia de los cambios. Como lo dijeron en 1918, mucho mejor jóvenes militantes en otro texto fundamental, el manifiesto liminar de la Reforma Universitaria, “ …..Se nos acusa ahora de insurrectos en nombre de un órden que no discutimos, pero que nada tiene que ver con nosotros. Si esto es así, si en nombre del orden se nos quiere seguir burlando y embruteciendo proclamamos bien alto el derecho sagrado a la insurrección. Entonces la única puerta que nos queda abierta  a la esperanza es el destino heroico de la juventud”…”Las almas de los jóvenes deben ser movidas por las fuerzas espirituales. Los gastados resortes de la autoridad que emana de la fuerza no se aviene con lo que reclaman el sentimiento y el concepto moderno de las Universidades, el chasquido del látigo sólo puede rubricar el silencio de los cobardes y de los inconscientes”…

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20 de noviembre de 2017 | 04:05
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