Vacancia y posibilidades

El sistema político nacional presenta una configuración muy diferente de la de 2009. Si bien no hay un cambio radical de los actores, sí lo hay en la relación de fuerzas.

Por cierto, el primer elemento a analizar es la decisiva disputa en torno a la concentración mediática. El principal opositor político de 2009, el grupo Clarín, cuyos métodos de acción política son al menos problemáticos, ha quedado al descubierto y, claramente no es lo que era. Ya nunca más lo será.

La recomposición del gobierno nacional, construida a fuerza de audacia y apelaciones al ciudadano de a pie, con anclaje en concepciones de ampliación de los derechos y de igualdad, revirtieron lo que algunos presentaban como un “fin de ciclo” en su opuesto, el comienzo de un tiempo que sólo está enunciado.

Esta reversión, este nuevo tiempo, este ciclo que comienza, lleno de desafíos, problemas, por qué no contradicciones, parte de un piso de conquistas extraordinariamente importantes. La verdad, la justicia, el castigo del atropello a los derechos humanos; la concepción del trabajo como eje social estructurante; la jubilación prácticamente universal para los adultos mayores; la cobertura a los niños mediante la AUH; la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual; el matrimonio igualitario; la mayor inversión en educación y ciencia y técnica, así como la revalorización y respeto al sistema educativo como no se lo hacía desde por lo menos la ignominiosa “noche de los bastones largos”; una cobertura sanitaria en expansión, con avances como la identificación mediante “genéricos”; una concepción latinoamericanista que entronca con las gestas emancipadoras de la independencia; sólo como un listado arbitrario e incompleto.

Estos enunciados son hoy patrimonio del pueblo. Quienes supongan que cambiando un gobierno pueden volver linealmente al pasado se equivocan.

Pero estos logros, un cuerpo de valores, una ideología, consistentes con ellos, tienen una representación política, por lo menos, incompleta.

El nuevo ciclo requiere establecer sólidamente estas conquistas como piso. El desafío político no es sacarse una foto con la líder, no es llorar al muerto ilustre, no es competir por ello, de lo que se trata es de “profundizar el modelo”, y ello en la praxis política.

Se trata de reconstruir el debate político, la deliberación pública sobre un nuevo contrato democrático. Hay desestabilizaciones a las que no se apela, damos preeminencia a los hechos y es la política la que establece las reglas, no las corporaciones; podrían ser tres enunciados fundantes de ese nuevo pacto democrático. Dentro de ese acuerdo caben todas las ideologías (habrá que ver si las prácticas).

Pero, además, el nuevo ciclo reclama reagrupamientos políticos en torno a las ideas. Resulta cada vez más flagrante cómo los espacios políticos con herencias y culturas de lucha por la igualdad y la transformación progresista de la sociedad no resisten pruebas de coherencia cuando se oponen al gobierno de Cristina.

¿Implica ello que todo está bien? Seguramente hay problemas, carencias, errores, contradicciones; pero el análisis político debe dar cuenta de las opciones en juego y como el mundo lo muestra de manera patética en Europa, el ajuste es un fantasma bien cercano. Ese esperpento del “Grupo A” fue un ariete del ajuste, no de otra cosa.

Y por cierto, es insuficiente decir: apoyamos lo que estamos de acuerdo. Cualquiera que haya puesto el cuerpo por una lucha social o emancipadora sabe que esto no alcanza, que hay que comprometerse en la construcción de poder para alcanzar los resultados y esa construcción es escabrosa, requiere trabajo, militancia, persuasión, negociación.

De ningún modo esto supone renunciar a la crítica pero sí exige asumir que la crítica es una crítica situada que se hace cargo de sus consecuencias. Es decir, no podemos por ejemplo decir que este es un modelo insuficientemente industrialista y criticar las retenciones, porque son ellas un mecanismo adecuado para la diversificación económica, o con esa crítica coincidir con los que postulan la vuelta de un modelo agroexportador.

Estas posibilidades están latentes. Las historias de vida, las aspiraciones de las organizaciones, las utopías y este tiempo exigen una generosa revisión de los posicionamientos previos para acompañar y fortalecer un sendero latinoamericano y nacional de reparación y emancipación.
Como siempre, hay un punto donde el problema no está afuera. El problema es, finalmente, qué queremos, qué hacemos en consecuencia. A partir de los hechos no de los prejuicios. No depende de Cristina. Depende de qué somos capaces de darle a esta nueva patria.

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