Sobre violentos en el fútbol

En primer lugar quiero agradecer desde mi lado de periodista deportivo de la ciudad de Palmira la posibilidad a MDZ por dejarme contarles como viví en la tarde del sábado. En primer termino, quiero contarles que los que viajamos a transmitir el primer partido entre Huracán y Palmira en el General San Martín pasamos una tarde caldeada, cuando fuimos a buscar las formaciones a los vestuarios vivimos un clima tenso, entre un allegado a Huracán, aparentemente patovica de un conocido boliche de Palmira, y un integrante de la comisión de Palmira que reclamaba por las cuatro bombas de estruendo que se detonaron desde la popular de Huracán antes de comenzar el partido por lo cual se pensó, desde el camarín del árbitro Luis Moreno, en suspender el encuentro. Cuestión que no ocurrió. Luego, en el partido, Sebastián Cuadros fue agredido con un piedrazo que partió de la popular lasherina. Moreno, haciendo caso omiso, decidió continuar el partido. A Juan Carlos Bermegui lo insultaron y escupieronlos plateistas que se trepaban a la tela para hacer de todo, la policia solo miraba. Después consumado el 2 a 0 en favor del “Globo”, los hinchas de Huracán invadieron la cancha para agredir al plantel de Palmira junto a un ayudante de campo de Sperdutti, más Juan Paublo Suraci, en donde  fueron interminables, durante dos minutos, los golpes que se daban entre ambos planteles. ¿La policía? miraba... A nosotros, los periodistas de Palmira, intentaron rompernos los vidrios de la cabina con golpes de puño cuando se retiraban del estadio… Nadie evitó esta situación.

Vamos a lo que aconteció el sábado por la tarde. A lo vivido en Palmira y como lo viví desde la cabina principal y en zona de vestuarios, la siete como es llamada la hinchada “jarillera” armó una fiesta con bengalas, papelitos, bombas de humo, casi 5.000 personas coparon el estadio, pero todo se empezó a enrarecer cuando dos colectivos privados entraron por el pasillo de la platea hacia la zona de vestuarios. En uno de los transportes, los jugadores de Huracán y su cuerpo técnico, y en otro, hinchas de Huracán, algunos dirigentes y patovicas de boliches que venían para proteger a los futbolistas. Ya a esta altura, el jugador Cristian Mortes había recibido una amenaza. ¿Qué decía la advertencia? “Si les pasaba algo a los jugadores del Huracán, su familia la pasaría mal”. Luego quemaron su casa.

 Pero volvamos a lo anterior. Los dirigentes “jarilleros” fueron responsables de que esos dos micros, o al menos uno de ellos donde venían hinchas y patovicas, ingresaran al pasillo de la plata donde los hinchas se sacaron por que bajaron provocando a todo el mundo. Estos señores, durante el partido fueron ubicados detrás del arco que da a avenida del libertador e intentaron colgar una bandera con los colores del “globito”, cosa que no podía ser por que lo tenían prohibido. Durante los 90 minutos, Huracán hizo su negocio en el plano futbolístico, pero no en la humano. De la Riba, en una jugada aislada aprovecho que el arbitro marco un saque lateral y al no verlo se tiro agarransandose la cabeza, diciendo que un proyectil le había impactado en su cabeza. En ese momento el estadio se enfureció al ver semejante cosa, por que nadie le había tirado ningún proyectil, entonces ¿esto no es incitar a la violencia?, el arbitraje fue bastante flojo en líneas generales, con fallos polémicos y un arbitro que según destacaron muchos colegas, no estaba a la altura de un partido de estas características. El final fue bochornoso, una bomba callo al campo de juego y Sperdutti decidió entrar al campo de juego para no seguirlo. Si se lee antes lo que paso en Las Heras, Palmira siguió jugando. Fue ahí cuando algunos hinchas de Palmira ingresaron a buscar camisetas, pantalones y medias de los jugadores de Palmira, los de Huracán se fueron rápidamente a los vestuarios sin sufrir agresión alguna, pero la policía, fiel a su estilo en el este, empezó a reprimir hacia todos lados, sobre todo a la platea donde se encontraban socios, padres de los jugadores, dirigentes y periodistas, pero por sobre todo mujeres y niños de edades muy chicas. Los gases lacrimógenos fueron causantes de cegueras pronunciadas, de falta de aire por la infección de las vías respiratorias de varios colegas. Yo fui uno de lo que peor la sacó dentro de la cabina de transmisión donde se metió el gas, a tal punto que ni el agua me calmaba la tos y lo ahogado que estaba. Un chiquito de apenas 6 añitos se metió dentro de la cabina con su mamá pidiéndome, por favor, que lo salvara, le hubiesen visto la carita con su remerita de Palmira puesta y con esa ilusión de todo niño que va por primera vez a la cancha.

A todo esto la policía reprimía de forma impresionante, en las afueras del estadio. El enfrentamiento entre la policía e hinchas no paraba más, era un guerra como las que vemos por televisión. El jefe del operativo vino a la platea para ayudarnos a salir y nos pedía perdón por lo ocurrido con la represión policial. Me pregunto entonces, hasta cuándo vamos a vivir esto y sí Palmira es tan culpable como lo dicen todos por todos  los medios de comunicación y sí Huracán tan inocente.

Desde Palmira estamos dolidos por que siempre somos mal vistos, pero en Las Heras pasaron cosas y todos las obviaron.

Muchas gracias y espero que esto aclare un poco como fueron realmente los hechos. Germán Perri periodista deportivo y director general de la revista UP de Palmira.
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16 de diciembre de 2017 | 13:50
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