Empresas radiactivas

“Pobladores del mundo. Salvaguardemos esta belleza, no la destruyamos.”
(Yuri Gagarin, primer humano en el espacio refiriéndose a la Tierra)

Seguimos en zozobra, esta vez no ficticia sino bien real, por la tragedia sufrida por Japón que se continuó con la crisis de la central nuclear Fukushima.

Ahora nos enteramos que Japón elevó a 7, máximo posible, la alerta por el desastre.
Hasta el momento de escribir esta nota la gestión de la crisis la seguía realizando la empresa TEPCO.

Por supuesto que este suceso lleva a repensar muchas cosas: el uso de este tipo de energía, los estándares de seguridad y fundamentalmente cómo se encara una crisis global o una crisis grande como parece ser ésta.

La deducción que podemos hacer de lo ocurrido es que por lo menos hubo más de un error. En realidad partiendo de que el terremoto fue tremendo, el tsunami devastador; sacando eso, sobre lo que alguien podría alegar que eran imprevisibles, después, la gestión de la empresa genera muchas dudas, la primera, que ocultó información.

Las crónicas informan que “el primer ministro japonés, Naoto Kan, ha rechazado que haya habido un retraso en reconocer la magnitud real de la tragedia y ha negado que se infravalorase lo sucedido. Kan ha vuelto a demandar más información a Tepco, y le ha pedido que muestre sus planes para controlar la situación...”.

Conmovedor. Hoy a más de un mes del inicio de la crisis, cuando sabemos que el desastre será comparable al de Chernóbil (más o menos, es la referencia que aún los más optimistas usan), hoy, el primer ministro de Japón le “pide” a una empresa... ¿y qué le pide? Un plan...

Continúan las crónicas: “mientras tanto, un portavoz de la compañía que gestiona la central, Tokyo Electric Power (TEPCO), ha reconocido a la agencia local de noticias Kyodo News, el temor de la compañía a que las filtraciones de materiales radiactivos superen en el futuro a las que se produjeron en 1986 en Chernóbil. "La filtración de radiación no se ha detenido completamente", ha dicho este portavoz.”

Es sin dudas necesario definir marcos de acción conjunta internacional para afrontar estos riesgos globales.

Resulta que Naciones Unidas interviene en Libia con desparpajo imperial y no se plantea intervenir en Japón. Ni lo hará porque Japón no es Libia. Pero Japón deja al mundo en manos de... una empresa privada.

Lo que intentamos resaltar es el absurdo que implica que sea una empresa la que decida la suerte de esta crisis. Lo mínimo que se puede pedir: que sea el gobierno japonés el que maneje la situación.

Este caso presenta como pocos de un modo expreso lo inmensamente necesario que se hace globalizar la preeminencia del ambiente, de las personas, sobre la propiedad privada y supuestos derechos individuales cuando atentan o ponen en riesgo a otros.

El reciente caso de la masacre de Río de Janeiro en que un joven asesinó a mansalva a chicos de una escuela actualiza un caso recurrente de Estados Unidos y que revela cuánto urge desarmar la sociedad civil. Es la misma discusión: hay un límite a lo individual que democráticamente hay que establecer.

No es razonable que la suerte del conjunto quede en manos de una empresa privada. Decir esto hoy es auspiciar un debate ideológico y cultural del que creemos depende la suerte del planeta.

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24 de septiembre de 2017 | 19:04
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