La profesión de policía como proyecto de vida laboral
Una mujer policía de Mendoza confiesa, en esta nota, su "hartazgo de los horrores cotidianos institucionales".
por Paola Legay, Lic. en Seguridad Ciudadana

El trabajo policial como dignificación del sujeto humano

Las labores que despliega todo hombre o mujer, con sus aptitudes y aspiraciones, conllevan el engrandecimiento del grupo social al cual pertenece,  haciéndolo protagonista de sus cambios y crecimiento; pero es imposible desconocer la influencia de los bruscos virajes posmodernos que impactan sobre las estructuras laborales; situación de la que la policía como organización laboral no resulta exceptuada. Aunque no todo puede ser atribuido a los males del capitalismo económico, considero  necesario un replanteo sobre los modos y las formas en que la organización policial se relaciona con su fuerza de trabajo, en tanto sus integrantes son parte a su vez, de una sociedad crispada e incómoda por los dominios del mal.

Necesario es evitar que el trabajo policial, elegido como proyecto de vida laboral, se vea trunco a poco de nacer, y para ello, no basta con reformas estructurales o premiaciones que solo fomentan comportamientos engañosos o amistades suspicaces; tampoco, es sano fomentar el circuito de la remuneración económica que propicia la dedicación exclusiva a estas labores en desmedro de las valoraciones significativas de lo personal y humanizante.
Se debe aceptar de una vez, que todos tienen mucho para aportar;  ser mujer, o varón de baja estatura, tener tatuajes en el cuerpo, piercing en la lengua, considerar la homosexualidad como práctica de vida, cursar una carrera universitaria, terminar el secundario, practicar los deportes más irrisorios; no deberían tomarse como parámetros de inutilidad funcional en lo que a labores policiales respecta; y mucho menos, tenerse por fundamentos que tornen en fracaso las aspiraciones de quienes elijen la vida laboral en lo policial.

Planteo lo siguiente: ¿Será posible que esta organización laboral, que se pretende democrática, brinde espacios de actuación y crecimiento a su fuerza de trabajo? ¿En verdad, pueden cada hombre o mujer policía sentirse identificados con el fruto del trabajo que realizan a diario, se siente parte de la construcción de una historia, representado en el propio esfuerzo? ¿Se puede bogar por la autenticidad de cada proyecto, por la coherencia de una escala de valores, la construcción de una institución policial inclusiva, más atenta y abrasadora de las diferencias?

Cuando ‘el mal’ deja de ser un concepto teórico, dentro y fuera de lo institucional

A menudo, se nos triza la empatía ante la aparición de personajes infernales que nos recuerdan que ‘el mal’ ha dejado de ser mera teoría. Llega un momento en que todo policía enfrenta aquellas conceptualizaciones teóricas que aprendió en las aulas, que describen al dedillo hechos tales como  homicidio, violación, situación de alteración al orden público, robos…y en ese instante, ‘el mal’ deja de ser un concepto teórico para convertirse en piel erizada, en nudo trabando el estómago, en insultos, en impotencia…porque es justamente allí, donde la lucha contra el mal se despliega en un cuerpo a cuerpo cuasi heroico,  y siempre desgastante.
Si a esto sumamos que quienes tienen la obligación social del trabajo policial, se encuentran sometidos por la acción de sus pares o superiores, al desden de sus aspiraciones, a la supresión de sus habilidades, a la negación de sus creencias; con las imposiciones despóticas harto conocidas, en definitiva, se los obliga a no nombrar a las cosas por su nombre, se los convierte en cómplices de lo que dicen perseguir, aceptando las carencias y dolencias del día a día en cada unidad policial, como algo que de tanto suceder(-nos) se torna  normal; y con esta habituación enfermiza, se van desdibujando año tras año, en el interior de cada trabajador-policía, lo que en un principio fue su proyecto de vida laboral.

Entonces, en palabras de Juan P. Feinmann, pregunto: ¿en que se transforma lo cotidiano, cuando se entrelaza con el miedo paralizador o la especulación? ¿Cómo funciona la complicidad, cuando el horror, ya no es un secreto?

Desoír el discurso naciente negando la otredad

 En igual medida que se invierten recursos en el estudio y persecución de modernos delitos, resulta imperioso observar el naciente  lenguaje de la fuerza de trabajo policial. Desatender el nuevo discurso de quienes ejercen esta profesión, equivale a desvirtuar las verdades, a criminalizar al diferente, a negar la evolución institucional manteniendo en el anonimato a quienes muestran el ímpetu disparador.

Cuando quienes establecen lo establecido, recortan sobre los márgenes de lo que han establecido, silencian lo que no se ajusta a los intereses del momento ni responde a los amiguismos oportunistas, dejando fuera, sin más, toda posibilidad de crítica constructiva, apuntando con el dedo acusador, aquello que debiera asirse como sumatoria de nobles intenciones. Promueven la negativa a  tomar las potencialidades de cada policía como promesa de un mejor desarrollo laboral, y en consecuencia, los objetivos institucionales que se dicen perseguir, no hallan taxativas  sendas para su realización.

Surgen así, policías coartados en sus aspiraciones y atiborrados de conductas ‘inadaptadas’, que la organización sancionará; sin haber tomado conciencia oportuna, de la medida en que es productora y responsable de tales inadaptaciones.

Por esto, es necesario abandonar la comodidad de plataformas añejas, que impiden el crecimiento individual; que fomentan etiquetamientos discriminativos y juzgamientos que dañan la preservación de las singularidades de cada trabajador/a-policía.

Los avances sociales, no esperan aceptación ni entendimiento; y se torna urgente una organización laboral-policial que fortalezca las identidades de sus integrantes, que anime la sana competencia de estos, con lo mejor que cada uno tiene para ofrecer; cediendo al despliegue personal, facilitando la existencia de las diferencias y aplicando pautas coherentes que permitan el desarrollo de una adaptación creativa en cada policía, en consonancia con sus convicciones internas; sin desatender sus necesidades emocionales y procesos psicológicos particulares.

Al día de hoy, quien escribe, ha desarmado por completo su proyecto de vida laboral, en el hartazgo de los horrores cotidianos institucionales  que no puede ya tolerar ni bajo el miedo paralizador ni en la especulación de la obediencia debida; y ante la evidencia de que nada parece impedir que el mundo se ahogue en esta pos modernidad devoradora de noblezas; urge recordar a quienes han presenciado tales espantos, en el ejercicio de este proyecto de vida laboral-policial, que solo ellos pueden entender de lo que trato. Los que han mal dormido, mal comido y mal vivido, con ese nudo quemando el alma, con los conceptos ‘del mal’ hechos carne en su propia interioridad;  los que encarnan lo valorable de la profesión policial.

Deben propender un camino institucional donde se acepte la ‘otredad’ de cada uno, logrando la socialización de las vivencias policiales en su totalidad, para un posterior análisis que engendre una apertura a la evolución (aunque desestimo aquí el tipo Darwinista); siempre en el  marco respetuoso de lo ajeno. Solo así, se evitará que otros proyectos queden truncos a mitad de camino y sin posibilidad de renacer.

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30 de Agosto de 2014|11:53
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30 de Agosto de 2014|11:53
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san ignacio9 de Noviembre de 2009|09:54
QUE LO QUEEEE....??????????
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