Francisco prohibió la venta de cigarrillos en el Vaticano

La medida se hará efectiva a partir del próximo año. Los precios de los paquetes son mucho más baratos que en el resto de Roma.

Por decisión expresa del papa Francisco, el Vaticano no venderá más cigarrillos a empleados, religiosos y diplomáticos dentro de su territorio a partir de 2018 para no cooperar "con una práctica que daña la salud".

"El Papa ha decidido que el Vaticano dejará de vender cigarrillos a sus empleados a partir de 2018. El motivo es muy simple: la Santa Sede no puede cooperar con una práctica que daña claramente la salud de las personas", informó a la agencia Télam el portavoz papal, Greg Burke.

Actualmente, los empleados del Vaticano pueden comprar cigarrillos en el denominado "Magazzino", un centro comercial de dos pisos que funciona en la ex estación ferroviaria del Estado más pequeño del mundo.

Burke recordó que según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el tabaco es la causa de más de siete millones de muertes al año en el mundo.

"Hasta ahora, los empleados y pensionistas del Vaticano podían comprar los cigarrillos con descuento, lo que suponía una fuente de ingresos para la Santa Sede", agregó Burke.

En una recorrida por el Magazzino, se constató esta semana que los diez atados de una de las marcas líderes se comercializan dentro del Vaticano a 45 euros, cuando afuera se consigue a 5.40 euros cada atado, lo que supone un descuento de casi el 20%.

Además, los 20 atados se consiguen a 87 euros y los 30 a 120 euros, un precio notablemente inferior al de los quioscos de la ciudad de Roma.

"Sin embargo, ningún beneficio puede ser legítimo si le está costando la vida a la gente", planteó Burke.

Además de los empleados laicos y religiosos y de los pensionados del Vaticano, los diplomáticos acreditados ante la Santa Sede son también clientes habituales del almacén, que ofrece asimismo bebidas alcohólicas, productos electrónicos y marcas de primera línea a precios inferiores a los del mercado.

En el Magazzino los compradores disfrutan además de la posibilidad de acceder a tostadoras de lujo estilo años 50 a 120 euros (un 20% menos que su valor en Roma), a botellas de champagne francés de primera marca a 30 euros (cerca de un 15% más baratas que afuera) o a los dos litros de alcohol puro para la elaboración de licores a 18 euros, casi la mitad de lo que cuesta del otro lado de los muros vaticanos.