Andruetto: "Mis personajes miran en qué momento se pudrió la fruta"

La escritora cordobesa publicó su segundo libro de cuentos "No a mucha gente le gusta esta tranquilidad".

En su segundo libro de cuentos, No a mucha gente le gusta esta tranquilidad, la escritora cordobesa María Teresa Andruetto reúne un puñado de historias ordinarias en aparente quietud, como quien remueve las capas amontonadas del paso del tiempo, para indagar sobre sus márgenes a partir de un lenguaje que retoma ese sosiego y por momentos se vuelve perturbador.

Escritos de un tirón, a diferencia de los relatos de Cacería (2012) que le llevaron más de veinte años, estos cuentos configuran un territorio de personajes que parecen estar en los bordes, como mirando el tiempo hacia atrás, con los lentes de una vida que parece ordinaria pero que "como toda vida -dice su autora- de quieta no tiene nada".

Un viejo despatarrado que quiere encontrarse con su "muñeca muerta", la mujer cuya partida hace un tiempo casi remoto lo dejó sumergido en las sombras; dos hermanos en la llanura con un microcosmos al que solo ellos dos tienen acceso, o el ritmo de una trama personal que hace y deshace sin previo aviso pero de alguna forma extiende su tiempo en este mundo marcan el tono de algunos de estos relatos.

Desde su casa de Cabana, en Unquillo, a 45 kilómetros de Córdoba capital, María Teresa Andruetto (1954), reconocida con el premio Hans Christian Andersen de literatura infantil y juvenil y finalista del Premio Rómulo Gallegos por su novela Lengua Madre dialogó con la agencia Télam sobre su último libro de relatos, al que vincula con "otra etapa de la vida".

- Los cuentos de su primer libro de relatos los escribió a lo largo de 20 años, ¿estos textos también?

- "Cacería" lo escribí a lo largo de otros proyectos y estaba en otro momento de escritura, en cambio "No a mucha gente le gusta esta tranquilidad" salió como en un pulso, como se escriben a veces los cuentos. Para mí la escritura de ficción está muy ligada al deseo, aparece y desaparece, no soy una escritora programática. Y estos cuentos los he ido escribiendo así, desde el deseo, en una etapa de la vida donde estoy más vieja, con más tiempo. De pronto tuve un conjunto que me pareció que tenía algún punto de contacto.

- ¿Cuál?

- Son independientes uno de otros, llegaron esas escenas azarosamente y no siempre hay relaciones, pero cuando vi el conjunto sentí que el título ese, que era uno de los cuentos, daba un poco en esas vidas comunes, donde parece que no pasa nada y en realidad pasan muchas cosas. Lo que los personajes no dicen a tiempo, lo que reprimen, ciertas torceduras de camino, cosas que uno asfixia a lo largo de la vida para seguir adelante y en algún momento se vuelve y mirá hacia atrás y ve otro derrotero posible.

- Esos bordes están muy presentes en su obra en general ¿qué otras constantes identifica?

- Que ninguna vida es común, ninguna vida es totalmente ingenua tampoco, en cada vida hay todo. Me gusta hurgar en esos tonos menores, escarbar en los susurros, los restos, lo que quedó perdido. Por otro lado, siempre me interesó mucho la complejidad de los universos femeninos, la conformación de lo femenino, no en un lugar estereotipado sino en las múltiples formas de construirse como mujer. Y otra cosa que me ha atravesado es cómo nuestras cuestiones más privadas están también condicionadas por una cantidad de circunstancias sociales e históricas. Hay algo de lo macro de lo que muchas veces no somos conscientes, las más de las veces, porque sino no podríamos vivir nuestra historia personal con el peso de la historia con mayúsculas. Y entonces, vivimos como si nada nos condicionara, como si sólo nosotros eligiéramos.

- Esos márgenes que refiere en tus personajes también se cuelan en los escenarios, los lugares, las atmósferas...

- Creo que muchos de los asuntos se atraviesan con ciertas zonas culturales que conozco bastante. Y aunque no he vivido en el campo, me interesa mucho esa zona y esos modos de cultivar la vida. Me críe en la llanura, donde a veces se vive de un modo muy arcaico, en una opacidad en la que nadie entra, como en el cuento que da título a este libro. Mi escritura busca lugares no tan urbanos, en los márgenes de los pueblos y las ciudades. A veces hablando con otros escritores percibo que son gente cuyo círculo de amigos y demás está relacionado con el mundo intelectual, pero en mi caso no ha sido tan así y creo que eso también da cuenta de mi transitar por esas otras zonas.

- Varias veces ya se refirió a los años ¿cree que eso se refleja en estos textos?

- Son cuentos que de algún modo se corresponden con el momento vital que estoy atravesando: una etapa en la que uno mira hacia atrás y sabe que la vida está hecha, que uno puede seguir muchos años generando cosas nuevas pero en una dirección que fue tomada. A mí me gusta ser consciente y me parece que la belleza de la vida tiene que ver con esa consciencia de estar viviendo. Y los personajes, como yo, están mirando hacia atrás, viendo en qué momento se pudrió la fruta.

- ¿Y en el plano literario, cómo cree que impacta el paso del tiempo?

- La escritura es una ocupación que puede estar con uno, acompañar, mientras se tenga lucidez, a diferencia de otras formas artísticas que necesitan más del cuerpo o la actividad física. Y yo me siento en un momento muy pleno con relación a la escritura, estoy haciendo muchas cosas, revisando una serie de cuentos para primeros lectores, un libro álbum, otro de crónicas que hago por radio y un libro de poemas.

- Empezó a publicar de grande, a los cuarenta años, y desde entonces produjo una copiosa obra con numerosos reconocimientos. ¿Se siente reconocida?

- Más que reconocida, me siento muy querida, con un reconocimiento amoroso. Me costó mucho empezar a publicar. A veces, como dice Antonio Machado, primavera tarda pero es tan dulce cuando llega. Demoró un poco, de joven tuve una época con dificultades, cuestiones familiares y luego apareció un premio que me abrió las puertas y ese premio me abrió otras. Fue despacio y, a la vez por lento, también muy consolidado, con mucha fidelidad de los lectores. Yo también siento que debo serle fiel a ellos: ser honesta conmigo misma y con mi proceso de escritura. No claudicar en los modos de hacerlo, de pensar, de sentir, afirmarme en eso.