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Star Trek Discovery: la vida antes del Enterprise

El estreno de ciencia ficción del año llegó con el clásico universo trekkie y acompañado de alguna polémica. Los detalles de una serie que no hay que perderse.

 Una misión de rutina para la nave Shenzhou toma un giro inesperado cuando la tripulación encuentra un misterioso objeto oculto en un campo de asteroides. El misterio no dura mucho: es un antiguo artefacto klingon, que se utiliza para convocar a los jefes de las 24 casas más poderosas de la raza guerrera. Lo que sigue, una posible guerra con los seres más peligrosos de la galaxia, puede ser el fin de la Federación Unida de Planetas. Faltan 10 años para que el capitán James Tiberius Kirk conozca a Spock.

Ese es el emocionante comienzo de la nueva serie de Star Trek: Discovery. Con dos capítulos estrenados, la producción de Bryan Fuller y Alex Kurtzman cosechó buenas críticas, y algunas quejas por motivos políticos.

Discovery fue anunciada en el 2015, 10 años después de la cancelación de la última serie de la saga -Star Trek: Enterprise-, y sólo un año después de que el universo creado por Gene Roddenberry. No hace falta decir que las huestes trekkies -nombre que se les da a los ultra fanáticos de esta ficción- estaban emocionadas, y por suerte el producto final no decepcionó.

El ritmo de Discovery no es trepidante. La serie se toma su tiempo para armar las historias, y no demuestra ninguna prisa por cerrarlas. En los dos primeros capítulos, la historia de la primera oficial Michael Burnham (una excelente Sonequa Martin-Green) se trata extensivamente en forma de flashbacks, y su personalidad también queda establecida a través de largas escenas con la capitana de la Shenzhou Philippa Georgiou (Michelle Yeoh) y de otras en las que tiene que luchar para salir adelante.

La media hermana de Spock se roba gran parte del show, que tiene como punto fuerte la premonición de un gran conflicto -nada más ni nada menos que una guerra contra los Klingon, la raza más beligerante del universo conocido-, y los efectos especiales, que no tienen nada que envidiarle a los que se pudo ver en las películas de Star Trek que JJ Abrahams llevó al cine en los últimos años.

La presencia de Martin-Green -afroamericana- y Yeoh -de ascendencia china- trajo aparejada una ridícula controversia en el mundo trekkie, ya que muchos "fanáticos" se mostraron molestos por la presencia de dos mujeres no-blancas al frente de sendas naves de la Federación. De más está decir que estas rabietas tienen más que ver con el clima político norteamericano que con la realidad de Star Trek, una serie que a lo largo de las décadas que estuvo en el aire intentó reflejar que la diversidad no es algo malo, si no que todo lo contrario. Tampoco cayó bien que los klingos hablaran tanto de "pureza racial", un tema más bien espinoso en el país del norte por estos días.

Fuera del ritmo a veces excesivamente lento de Discovery, el otro problema que presenta es que no es un producto accesible para quienes no son fanáticos de la ciencia ficción. Esto parece algo obvio si se está hablando de Star Trek, pero en la época de la televisión a la carta -on demand-, los shows que no son capaces de atraer a un gran público generalmente no tienen una vida extensa, y, en este caso, eso sería una verdadera lástima.

Para los fanáticos, Discovery es la mejor noticia del año, ya que es cada vez más raro que se estrenen superproducciones de ciencia ficción (acá hay que recordar que en Netflix también se puede ver The Expanse, otra serie de calidad envidiable).

Para quienes tengan dudas, lo mejor es darle a la serie una oportunidad, y dejarse sumergir en uno de los universos ficticios más prolíficos e interesantes de los últimos 50 años.