¿Por qué nos cuesta cambiar?

En la nota los principales motivos por los cuales nos cuestan los cambios.

Todos queremos cambiar algo: nuestra dieta y ejercicio, los hábitos de productividad y procastinación, ejercitar la paciencia y el mindfulness, dejar vicios de lado, ordenar las finanzas, leer, estudiar y hacer todo aquello que queremos lograr en nuestras vidas. Pero, muchas veces perdemos de vista esos objetivos y peor aún: perdemos la esperanza. ¿Por qué nos cuestan tanto los cambios? ¿Dónde está la traba que nos impide avanzar?

La razón principal: nos boicoteamos. Somos nuestro propio obstáculo. ¿Por qué?

Por nuestra manera de pensar. Si has hecho cualquiera de estas cosas:

• Retrasas o pospones los cambios de hábito y luego te cuestan más y eres duro contigo mismo.
• Cuando llega el momento de hacer lo que te has propuesto, lo postergas o buscas algo más simple. Buscas distracciones o excusas.
• Cuando tienes que hacer algo difícil y que te incomoda, buscas la salida rápida y te convences de que no podrás hacerlo.
• Cuando haces algo realmente difícil, te preocupas demasiado, te estresas; fijas objetivos irrazonables y dudas de tu capacidad para resolverlo.
• Fantaseas acerca de los posibles resultados que obtendrás al cumplir la meta, pero te preocupa que no puedas cumplir con esa meta.
• Te sientes mal contigo mismo, dudas, te castigas y todo eso impide que acciones.

La mayoría de nosotros hemos hecho estas cosas en algún momento, sin siquiera ser conscientes de ello. Nos boicoteamos y hacemos que las cosas sean más complicadas de lo que son.

¿Por qué somos nuestro propio obstáculo?

¿Por qué lo hacemos si solo dificulta las cosas? Porque son patrones de conducta antiguos, arraigados con los años, que servían como mecanismos de defensa ante la dificultad.

Razones por las que empleamos las conductas mencionadas más arriba:
• Una tarea difícil nos genera incertidumbre y ansiedad entonces buscamos la salida del problema, reemplazándolo por algo más simple.
• Altas expectativas: trazamos metas inalcanzables y luego tememos no poder cumplir con esas expectativas, lo que nos genera mayor ansiedad.
• No creer en uno mismo: no confiamos en nuestra capacidad, dudamos de nuestro potencial. No sabemos si "tenemos lo necesario" para lograrlo.
• Ser duros con nosotros mismos por no alcanzar una meta o posponerla, también es otro patrón de conducta negativa: el castigo excesivo.

Apenas nace la sensación de ansiedad o incertidumbre, la mente reacciona ¿Y cómo lo hace? Siendo críticos son nosotros mismos, estresándonos, procastinando y buscando la salida del problema. Esos son los viejos y primitivos patrones de conducta defensiva.

¿Cómo dejar de boicotearnos? Dejando de ser un obstáculo
Cuando nos damos cuenta de que estamos posponiendo, buscando distracciones, siendo críticos, racionalizando o abandonando; simplemente, hagamos una pausa para darnos cuenta de lo que estamos haciendo. Si nos tomamos un instante para reconocer que estamos repitiendo patrones de conducta negativos, podremos evitar la reacción que ellos provocan.

Tómate un tiempo para reconocer la sensación de incertidumbre en tu cuerpo. Admite que no tienes control sobre ella y que no puedes escapar y no entres en pánico; eso sólo eso: una sensación. De hecho, si practicas mindfulness, verás que experimentar la sensación de incomodidad o ansiedad te permitirá, con el tiempo, acostumbrarte e incluso, estar cómodo con esos sentimientos. Al reconocer lo que nos pasa, podemos ocuparnos y actuar. Reconocer, comenzar y actuar (en ese orden).

Si nos castigamos porque no logramos atenernos a un plan, debemos darnos cuenta de que estamos siendo demasiado exigentes con nosotros mismos y permitirnos parar y, en lugar de quejarnos y ponernos nerviosos, reiniciar (al igual que con la computadora) desde el último punto en que "funcionamos bien". O, mejor aún, dejar el viejo plan, desprendernos de lo que pasó y empezar de nuevo.

Si nos estresamos por no cumplir con nuestras propias expectativas, permitámonos sentir la ansiedad que esto genera y avancemos hacia nuestro objetivo y no hacia la expectativa. Admitamos lo que sentimos (incertidumbre, ansiedad, dudas) y no escapemos de ello. Luego, pasemos a la acción, con una sonrisa; gratitud y actitud.

Fuente: Lee Hecht Harrison Argentina