La memoria, nuestro cajón de recuerdos

Una vez que la información ingresó a través de la atención, el sistema decidirá si la conserva o no, es decir, si permanecerá en nuestra memoria o se degradará en el olvido.

"Licenciada, ¿cómo hago para seguir, si olvido lo que pasó hace 5 minutos?", suelo escuchar.

La memoria es la función que da continuidad a nuestra vida, que nos da identidad. Sabemos quiénes somos gracias a que recordamos lo que nos pasó, nos acordamos de quiénes son las personas importantes en nuestra vida, qué cosas son peligrosas, qué cosas son sanas, qué nos emociona, quién fue San Martín, qué pasa si no aprieto el freno del auto en las esquinas.

Imagine qué sería de su vida si cada mañana se levantara con la mente en blanco. Si no supiera cómo colocarse las pantuflas, si desconociera cómo se usa el cepillo de dientes, a la persona que tiene al lado, si no recordara dónde queda el baño o la cocina de su casa, aún peor, si no pudiera acordarse de su nombre.

Para los budistas, los Dioses caen del Cielo cuando «les falla la memoria y su memoria se embrolla»; mientras que los Dioses que no olvidan son inmutables, eternos, de una naturaleza que no conoce el cambio. El «olvido», para los budistas, equivale al «sueño», pero también a la pérdida de sí mismo, es decir, a la desorientación, a la «ceguera» (la venda sobre los ojos).

La memoria es ese gran reservorio donde van a parar los recuerdos. Entonces uno imagina una suerte de cajón, o armario, en el que se apilan anécdotas e historias, ¿no? Y, en realidad, no, la memoria es la capacidad cognitiva que nos permite recibir, guardar (almacenar) y devolver (evocar) información, y está sostenida por circuitos de comunicación entre neuronas.

Yo le voy a hacer cinco preguntas:

1) ¿Recuerda cuántas preguntas le iba a hacer?

2) ¿Recuerda sobre qué trataba la nota que leyó recién?

3) ¿Recuerda su primer beso?

4) ¿Recuerda los meses del año?

5) ¿Puede enumerar los pasos a seguir para hacer un té?

La primera pregunta se relaciona con un tipo de memoria que llamamos de trabajo. Es aquella memoria que nos permite llevar a cabo una acción determinada, acotada, y tiene muy poca capacidad de almacenamiento. Por ejemplo, me dicen un número de teléfono, lo anoto, y se desvanece. Puedo recordar que tenía un 7 ó un 3, pero no el número entero.

Nuestra memoria a corto plazo se vincula con el segundo interrogante. Puede almacenar hasta 10 elementos y no dura más de 10 minutos. Leo un capítulo de un libro y luego lo resumo.

Las últimas tres preguntas se refieren a nuestra memoria a largo plazo, que tiene la posibilidad de guardar infinita cantidad de información por horas, días, meses, años, dependiendo del interés, de la necesidad y del impacto emocional. Si un tópico nos interesa mucho, o si sabemos que lo necesitaremos en algún momento, o, por sus características, impacta en nuestra afectividad, se guarda a largo plazo, a través de un mecanismo específico de comunicación neuronal, diferente al de los otros tipos de memoria.

La memoria a largo plazo puede ser episódica (los episodios de nuestra vida: qué desayuné hoy, cuándo di mi primer beso, etc.), semántica (aquellos datos que he ido aprendiendo a lo largo de mi vida: los meses del año, las capitales del mundo, etc.) o procedural (movimientos encadenados hacia un fin: preparar un té, andar en bicicleta, manejar).

Entonces, el camino sería: la información ingresa a través de los órganos de los sentidos, nuestro cerebro determina si es relevante guardarla o no. Si no lo es, cae en la curva del olvido. Si es importante para realizar una tarea inmediata, la conservará a corto plazo; si, por el contrario, nos resulta interesante, nos será útil en algún momento o nos impactó, la conservará a largo plazo hasta que la necesitemos, momento en que deberemos ir al archivo adecuado y recuperar los datos (evocación).

En cualquiera de las etapas, esta función puede sufrir alteración. Es más, algún tipo de memoria puede estar alterado, mientras los otros se conservan. También es cierto que múltiples factores pueden afectarla, desde edad, nutrición, enfermedades neurológicas y psiquiátricas, ingesta de sustancias, estrés, etc.

Pero eso lo dejamos para más adelante. Recuerde buscar la nota la semana próxima.

Lic. Cecilia Ortiz, Mat: 1296 licceciortiz@hotmail.com